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Antes que caigan en el olvido mis escritos

La razón de la sinrazón

En la noche del 15 de marzo pasado, en casa de algunos familiares en Soyapango, a pesar de la algarabía del barrio al anunciarse el triunfo de Mauricio Funes; un ambiente de duelo embargaba algunas casitas del barrio. Allí se lloraba amargamente y la tristeza era tan visible que hasta en algunos casos se transformo en problemas serios de salud que atacaron algunas gentes en los días subsiguientes.

La tristeza de la derrota era tan tangible que contrastaba con el ruido de los cohetes, morteros y música que en la mayor parte de casas anunciaban por vez primera que la esperanza había triunfado. Los pocos perdedores se reunían a puertas cerradas a llorar en silencio lo nunca imaginado. Todo menos eso que los rojos hubiesen podido ganar las elecciones, todo menos permitir que “esa chusma”, “esos vagos”, “esos mareros”, “esos sinvergüenzas” del frente ganasen.

A puertas cerradas o como diría Sartre á huit clos, comienzan los perdedores a confabular y a temblar ante el miedo que la “chusma” se vuelva contra ellos: “la gente de bien”, “la gente de clase”, “los que mantienen la economía del país” (¿?), etc., etc. Frases se escuchan: “niña, no se preocupe, solo el gusto les va quedar pues dentro de cinco años volvemos al poder”, “Niña si estos desgraciados comunistas van a venir a quitarnos las casas”, “Y mire niña que me dice mi comadre, que está bien informada, que nos van a quitar los cipotes, como hacen en Cuba y en Venezuela”… Y así la pieza de este teatro tomaba la forma y los papeles se confundían pues se pasaba de Garcín, a Estela, a Inés y hasta la pobre muchacha que lava ajeno le hacía de mayordomo, haciendo más viva la obra de Sartre en pleno Soyapango en que encerrados los perdedores comenzaban a vivir “un veritable enfer” (un verdadero infierno).

Desde hace algún tiempo me pregunto sobre las razones que han motivado a algunos miembros de mi familia en El Salvador que lejos de ser ricos, más bien todo lo contrario, se han siempre identificado con el Partido ARENA, al extremo de llegar al fanatismo casi religioso, pues la lealtad a ese partido es mayor que la lealtad a una iglesia o creencia religiosa que puedan manifestar.

Los fanatismos políticos enfermizos que mis conocidos personajes que desde el 15 de marzo viven un verdadero infierno es tan fuerte que no conoce amistades ni lazos familiares. Todos aquellos amigos y familiares que de sobra son conocidos como “rojos” son considerados enemigos y es así que con mucha tristeza he observado divisiones familiares enormes y rompimiento de amistades por el veneno que representa la veneración política.

Es allí que mi pregunta de la razón de la sinrazón toma toda su forma. ¿Cómo es posible ver tanto fanatismo político en hogares que no forman parte de los que podríamos considerar los perdedores? La gente de Soyapango, Mejicanos y otros barrios están lejos de tener intereses de clase con el partido ARENA, entonces ¿De dónde viene ese fanatismo?

En esa noche del 15, luego de anunciado el triunfo del FMLN, nuestros personajes envolvían su tristeza con un velo de cólera y odio. Un odio que tomaba forma de insultos contra todo aquel que representaba el partido ganador. Un odio histórico que no tenia fundamentos lógicos más bien obedecía a los pulsiones más negativas que el ser humano puede tener. Las mismas que llevaron a una parte del pueblo de Ruanda, un día tomar los machetes y eliminar a sus amigos, vecinos, conocidos por el simple hecho de ser de una etnia diferente. El mismo odio que enceguece y que llevo al país a extremos de locura cuando en los años negros se tenía que acabar con esos “comunistas” que amenazaban al país. Ese odio estaba tan vivo que me hacía temblar de pena al ver que después de tanto tiempo sectores de la derecha continúan llevando el mismo odio que creó las condiciones para que los Escuadrones de la muerte se desarrollaran en El Salvador.

La firma de los Acuerdos de Paz, solo parecen una mascarada por parte de la derecha que nunca ha pensado en compromisos. Siguen soñando con hacer desaparecer todos aquellos que no piensan lo mismo. Para parte de mi familia y amigos, las torturas y desaparecidos son siempre exageraciones como la que un primo me hiciese hincapié al momento que yo le hacía ver las casas que fueron destruidas por el bombardeo indiscriminado de la aviación salvadoreña durante los días de la última ofensiva guerrillera: “No si esas casas los dueños les dieron fuego para cobrar los seguros” me afirmo sin mayor desfachatez.

Del miedo y la desinformación al lavado de cerebro.

Todo me lleva a pensar en la manera como el pensamiento humano se forma y se deforma. Durante la segunda guerra mundial, la Alemania Nazi logro con mucho éxito imponer a la población de ese país una ideología cuestionable. La propaganda nacía como arma más poderosa que una bomba de napalm, y así se sacrifico generaciones de alemanes que creyeron hasta la muerte a la superioridad aria. En El Salvador, la desinformación fue muy ligada al miedo. Durante los años anteriores al conflicto armado se hizo uso de una violencia institucionalizada sin medida. En función de la “teoría de la seguridad del Estado” se amenazo, se asesino, se masacro, se cometieron delitos de lesa humanidad. Todo eso hoy reconocido en el ámbito internacional pero jamás publicado y reconocido en El Salvador mismo.

El fenómeno de la guerra, nunca existió para algunos sectores de la población que seguirán creyendo que en los años de conflicto, el país fue víctima de “hordas comunistas” adoctrinadas en Moscú, Cuba, Nicaragua sandinista y que estos habían desembarcado en El Salvador y se dedicaban a destruir la economía de la patria. El miedo a ser confundido, en aquellos años llevo a muchos a identificarse como los más “fieles defensores de la patria”, llenos de un anticomunismo a la Roberto D´Aubuisson. El miedo alimentado por un constante bombardeo de información construyo en lo más profundo del “yo intimo” de muchos ese odio hacia lo que representa el “enemigo”.

He llegado a constatar que si la guerra traumatizo muchas zonas geográficas del país . En otros lugares la guerra solo se sintió al final del conflicto como en la capital. Eso podría explicar la razón de la sinrazón. Toda la información que mucha gente recibía de los medios de comunicación la recibían de forma tergiversada. Eso provoco que la versión oficial fuese siempre la versión de la historia que alguna gente reconocería como única y verdadera, convirtiendo así la versión del conflicto, que las vías oficiales servían, como un verdadero dogma político.

La guerra no fue una guerra según algunos engañados, si no que se trato de una violenta agresión del comunismo rojo. Los que vencieron el miedo el 15 de marzo son aquellos que con el correr del tiempo han comprendido las verdaderas razones de la situación que nos llevo a la guerra y del porque el cambio se vuelve necesario y saludable.

Alguien escribía que el típico seguidor del partido de ARENA era de dos tipos, el primero los que pertenecían a un grupo económicamente fuerte y que ven en ARENA al partido que defiende sus intereses. Los segundos son extractos de clases desfavorecidas que por crasa ignorancia han asimilado la ideología dominante y estos se son los más dogmáticos dentro de los seguidores de ese partido.

Con el correr de los días y las semanas me dije a mi mismo que los “perdedores” sabrían reconocer la derrota y aceptar el cambio. Al acercarse la fecha de la toma de posesión no pude más que constatar que como una fiera herida, mis propios familiares destilaban aun más odio y más veneno. No los puedo condenar pero me lleno de tristeza al ver que un sector de la población salvadoreña todavía mantiene ese odio hacia sus semejantes.

Para estos fanáticos no existe otra verdad que la de ellos y durante los próximos cinco años estarán trabajando para desprestigiar la nueva administración y hacerle responsables de todas las calamidades que los gobiernos de ARENA han dejado. En 20 años de poder no pudieron detener la violencia en las calles, permitieron que El Salvador se hundiera dentro de una dependencia económica flagrante. La corrupción se generalizo y las condiciones económicas de una gran mayoría se deterioro.

No podemos ocultar la verdad y la realidad aparece más dura hoy con el cambio, el país está en una situación de desastre y se necesita del apoyo de todos para construir la patria pero no podremos hacerlo mientras odios e ignorancia llenen la mente y el corazón de muchos. El trabajo que tenemos que hacer es inmenso y va más allá de factores económicos, sociales y políticos, tenemos el reto de educar y hacer despertar a muchos que siguen hundidos en las quimeras del opio ideológico que la derecha dejara metido en esos sectores de la población dentro de los cuales lamentablemente veo miembros de mi propia familia y amigos.

Junio 4, 2009 Publicado por mriveraq | El Salvador, Politica | | Aún no hay comentarios