El 22 de enero en la memoria colectiva carcomida por el Alzhaimer…
Fue un 22 de enero de 1932 que El Salvador cambio de golpe tras destruir los vestigios de la civilización de nuestros ancestros. Ese día comienza la matanza de más de 30 mil campesinos en la zona Occidental del país. Poco se sabe de ese hecho el cual sigue siendo como un tabú histórico que todos quieren olvidad en un Alzhaimer colectivo. Los anales históricos oficiales hablan de una insurrección que fue el resultado de un complot internacional del comunismo rojo guiado desde Moscú. Pero los miles de campesinos que murieron en Izalco, Nahuizalco, Ateos, Juayua, etc. Nunca supieron la existencia de la extinta Unión Soviética.
Mi abuelo nos hablaba, a la luz del candil, en el cantón donde vivía en las cercanías de Tonacatepeque, sobre esos tiempos y como le toco salir en guinda por todos esos cañaverales que llamamos nosotros “cañales”, que existían entre Soyapango y Tonacatepeque. El joven de aquellos años llenaba los requisitos para ser enviado al otro lado del charco, pues de condición humilde no podía ocultar sus rasgos indígenas que lo hacían culpable de algo que no sabía que era: “El comunismo”. Para salvar el pellejo los campesinos de aquel entonces se tuvieron que disfrazar y fue así que el pantalón y camisa de manta desaparece de nuestras fértiles campiñas, ríos majestuosos y soberbios volcanes. Ahora solo son elementos que sacamos a relucir en los bailes folklóricos que cada día más parecen adaptaciones modernas de algo que ya se olvido: nuestros propios orígenes indígenas. El campesino no solo abandona la vestimenta propia de ellos pero también deja las lenguas heredadas de nuestros antepasados. Se toma el modelo del ladino y el término “indio” se transforma en una ofensa.
La masacre del 22 de enero de 1932 no solo es un hecho de lesa humanidad pero es también un hecho de destrucción masiva de una Cultura propia y única. Ya mi abuelo se fue y me dejo sus recuerdos de aquellos tiempos que ni maíz se podía comprar y tuvieron que “vérselas” como bien decía él. Las raíces y plantas como el chipilín, la mora y otras más vinieron a salvar a nuestros abuelos que vivieron la gran depresión económica.

Masacre de campesinos salvadoreños en 1932
Todos conocemos que Farabundo Marti, Feliciano Ama y otros héroes más cayeron en los alrededores del 22 de enero de 1932, pero ignoramos los demás que abonaron con su sangre el tortuoso camino del pueblo salvadoreño.
Pero las nuevas generaciones salvadoreñas no se preocupan del saber él porque de esa matanza. El discurso oficial sigue llenando el ámbito social de nuestro país como en Macondo después de la huelga bananera que terminase con aquella masacre que lleno un tren con supuestos subversivos que terminaron en el mar Caribe y que luego el único sobreviviente de esa gran masacre no pudo convencer a nadie de su pueblo que juraron por más de 100 años de desgracia que tal evento no había existido y que la United Fruit Company nunca había estado en esas tierras.

Lider del Movimiento obrero de El Salvador, 1932
Eso mismo nos sucede que seguimos obstinadamente diciendo que de nada sirve el pasado pues lo importante es poder consumir en el nuevo centro comercial que presentan espejismos de progreso en un desierto de desigualdades y de pobreza.
El 22 de enero de 1932 no puede y no debe caer en el olvido pues el mantener vivo en nuestra memoria ese hecho y honrar a los caídos permitirá que nunca más volvamos a cometer semejante locura.
También fue 22 de enero en el año 1980 que las masas se volcaron a las calles, yo con mi diploma recién recibido y con la seguridad del desempleo frente a mi, no dude en unirme a mi organización el BPR, Bloque Popular Revolucionario, que junto con las otras organizaciones hermanas: El Frente de acción Popular Unificada (FAPU), las Ligas Populares 28 de febrero (LP-28) y la Unidad Democrática Nacionalista (UDN) nos tomamos las calles y San Salvador amaneció ese día con vientos de insurrección y deseos de libertad.
Ese mismo día en 1980, se escucha por primera vez en el aire la Radio Venceremos que llego a ser la “Voz oficial del Frente Farabundo Marti para la Liberación Nacional” transmitiendo desde Morazán territorio libre de la opresión. Ese día 27 emisoras de El Salvador fueron tomadas y se escucho la voz del ERP a través de lo que llego a ser la Radio Venceremos.
El gobierno, la dictadura militar y la Ultraderecha que aun gobierna mi país tembló y volvió a sus recetas habituales, si era necesario hacer otro 22 de enero de 1932 en 1980 lo harían con tal de mantener las estructuras intactas de una injusticia social y de estructura económica que Monseñor Romero llamo el “Pecado social”.
Ese día la inmensa manifestación pacífica fue destruida a balas y el resultado fue horroroso pero también marco el fin de todos los movimientos sociales, sindicales, estudiantiles de esa época en El Salvador. Las organizaciones desaparecieron pues la cacería de brujas comenzó. Fueron tiempos oscuros que el solo recordarse permite apreciar el valor de la vida que tenemos hoy gracias a los caídos en toda la gesta heroica.
Se nos persiguió, se nos secuestro, se nos envió al exilio para los que tuvimos suerte otros forman hoy parte de la lista de 70 mil muertos y desaparecidos que nadie parece ser culpable de eso. Nadie secuestro, nadie mato, nadie torturo, es un Alzhaimer colectivo que nos acompaña en estos interminables 100 años de locura, de injusticia, de violencia y de caminar en un desierto sin rumbo.
El recordar este día lo que sucedió a mi abuelo y lo que viví en esa manifestación del 80 me permite renovar ese compromiso con la tierra que me vio nacer y que poco a poco trata de salir de ese Alzhaimer recetado por los grupos dominantes que siguen utilizando el miedo como arma y que estoy seguro que no dudaran en utilizar la violencia por impedir que vivamos en Paz, en democracia y con justicia social.
Este día creo que como padres tenemos el deber de hablar con nuestros hijos e instruirlos en lo que sucedió en aquel 1932, y no olvidemos que fue en aquel entonces que empezamos a sentir lo que había sucedió en NYC en 1929, la caída de la bolsa de valores.
Ante una nueva crisis mundial el recuerdo de aquel entonces se vuelve más claro, más presente y de más significado para nuestra patria que busca el camino al oasis de la democracia y la justicia.
Mauricio.
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