Mis artículos

Antes que caigan en el olvido mis escritos

Suchitoto en la memoria…

Suchitoto en la memoria…

A mi querida Mirta,

Que fuera la flor que ilumino mi corazón

En mis años de adolescencia

 

 

Allá por los 70 Suchitoto fue la cuna donde FECCAS-UTC comenzaron sus labores, los padres Alas trabajaron allí, durante años en la organización de los trabajadores que exigían salarios justos y mejoras en su nivel de vida: lo básico.

 

Durante algún tiempo, antes que San Salvador se convulsionara con el rugir del movimiento de masas, Suchitoto fue un microcosmos donde la tragedia tomo forma como un Macondo que nos mostraba lo que se avecinaba. Los jóvenes se organizaban, las señoras en los mercados llegaban con las tumbías repletas de legumbres y frutas y debajo de ellas toda la propaganda de las organizaciones campesinas. Dicho sea de paso estas organizaciones no nacen ligadas a una de las organizaciones armadas existentes en el país. Fue el resultante de una necesidad legítima que se broto de ese pueblo de flores.

 

En aquel entonces estaba, si mal no recuerdo el Coronel Molina en el Poder, y era en sus comienzos como mandatario. El movimiento en las ciudades era liderado por Andes 21 de Junio y su líder la Dra. Melida Anaya Montes, Comandante Ana María. El moviendo obrero era liderado por FENASTRAS. Pero Suchitoto, llevaba muchas millas de adelanto en su lucha callejera.

 

También en aquellos años se organiza bien ORDEN una organización que nace del PCN, cuya misión era de apoyar las autoridades públicas. Y en Suchitoto la gente de ORDEN en aquellos años trabajaba haciendo listados de todos los cipotes que en sus locuras de juventud no temían salir a gritar al parque sus consignas. Se hicieron listados con fotos y se preparo la respuesta a la organización popular de Suchitoto. En un primer momento se expulsa a los Padres Alas y se les acusa de "subversión". El Instituto nacional de Suchitoto sería el primero en sufrir… Algunos de mis amigos recordaran que dentro de nuestra promoción había hijos de los líderes de ORDEN. Bien calladito se lo tenían y parecían hijos de santos pero ya los teníamos bien cuadriculados.

 

¿Se recuerdan que “subversivo” el epíteto utilizado y a la moda en aquel entonces y que hoy es remplazado por el eufemismo de "terrorista", término importado del Norte?

 

Ya  a los finales de los 70 se pasa a la etapa de la cacería de brujas en Suchitoto. Y comienza esa época de los años negros en que cada noche los de la "comandancia" iban a sacar a los bichos de sus casas. Los parques se convierten en exhibición pública de la barbarie humana. Y la gente comienza a huir y las casas quedan abandonadas, en poco tiempo Suchitoto se convierte en un pueblo fantasma en donde solo quedaron los de ORDEN, los viejos y la gente que en verdad no habían podido controlar. En poco tiempo Suchitoto se militarizo de una manera que parecía un cuartel desde la entrada hasta la salida. No quiero caer en las descripciones amarillistas de lo que allí se vivía en esos días pero las masacres de Ruanda y otros países eran como las que se veían en Suchitoto en aquellos días.

 

Las casas abandonas fueron dadas a los colaboradores de los señores de guerra que controlaban el pueblo. Ya en el 80 cuando llegue a trabajar a ese pueblo, que llegue a querer como mío, solo era un fantasma de muerte. A las 6 de la tarde NADIE se aventuraba por esas calles históricas. Era un ambiente tan lúgubre que solo podía hacer pensar uno de esos cuentos de Edgar Allan Poe en sus delirios extremos de un alcoholismo avanzado.

 

En las mañanas se escuchaban las gentes hablar en secreto de los muertos encontrados esa mañana en los diferentes lugares del pueblo. Mis vivencias fueron corroboradas años después por una gran amiga de mi madre que hoy vive en Canadá y que en aquellos años vendía en el Mercado de Suchitoto y por un gran amigo que perdiese a su hermano durante esos años.

 

Yo viví la historia de infiltrado viviendo el cotidiano dentro de la protección de la muerte verde de los militares. Con ellos mantuve muy buenas relaciones y a punto tal que el comandante local me llamaba "hijo". Cada vez que utilizaba ese epíteto me decía a mi mismo que era como ser hijo del diablo mismo.

Llegue a saber muchas cosas que pasaban allí y que vivíamos como en Vietnam en una zona ocupada pues en todos los alrededores era el dominio de las F. Con el tiempo me gane la confianza de algunas viejitas que llegaron a adoptarme y con quienes pasaba las noches platicando y ellas a la luz de velas me contaban los horrores vistos. Creo que la facilidad de escribir vivencias me viene de esa gente que se ponía a “chabacaniar” conmigo. Llegue a saber muchas de las historias prohibidas de amores que se pasaban en Suchitoto.

 

 

Eran tiempos de locura. Fue a mediados del 80 cuando lanzaron un gran operativo de limpieza pues según ellos limpiarían la zona de los facinerosos. Llegaron de Cojute los camiones y todo se reforzó. Y en esos días vivimos un Apocalipsis Now viendo los helicópteros ir y venir en esa operación limpieza. En las noches eran los estruendos: Ayugualo, la Bermuda y los otros cantones eran los puntos de ataque. Si era todo un operativo de estilo yunque y martillo que quisieron hacer allá en Morazán y que bautizaron Torala I luego el II hasta que Monterrosa regreso con su trofeo de guerra en un ataúd con una falsa transmisora de la Venceremos.

 

Al ver tanto despliegue de fuerzas era evidente que ni una bacteria roja podría sobrevivir allí. Llevaban arsenal made in USA, unos prismáticos que al ponérselos y ver de noche todo parecía tan claro como de día. Era evidente la supremacía del arsenal llevado. Cuál fue mi sorpresa que al día siguiente de comenzado el operativo los helicópteros comenzaron a salir repletos de heridos y muertos. Entre ellos el diabólico personaje que me llamaba "hijo". Me quede con la boca abierta, era imposible verlos regresar en menos de 24 horas en un estado tan lamentable que parecían que hubiesen sido revolcados como cerdos en el lodo.

 

Ese día tome la decisión de venir a la capital y me vine al mercado San Miguelito a comprar la corona más grande que me pudieran hacer con flores naturales. Pues el personaje que sería velado esa noche era un trofeo de guerra. Y me prepare a vivir mi "duelo".

 

Todos admiraron mi valor de haber atravesado el área en conflicto para ir a comprar una corona, la única que tuvo el muerto. ¡Qué desgracia que en un lugar que significa lugar de flores no se podía encontrar una tan sola flor! pues las balas habían acabado con todo.

 

Viví mi pena y el Bachiller Rivera gano la entrada en todos los cuarteles de la zona. Más no sabían…

 

Luego los ataques de los insurgentes se volvieron tan fuertes que eran cotidianos. De repente se recibía una llamada que unos jóvenes no identificados jugaban en el parque central y de repente era la balacera. Me recuerdo de una muchacha que solo protegida por un arbusto más flaco que yo que hoy esta convertido en un inmenso amate lindísimo, se aposto una tarde y con una ametralladora hizo que los soldados les diera corre que te alcanzo. Desde una ventana veía la situación y con la pálida que las balas venían en dirección en la cual sola la pared me protegía. Mis ojos grababan cada instante y mi mente quería detener ese momento para el futuro y poder describirlo un día.

 

Escuchaba las "malas palabras de la cipota": "Salgan hijos de puta" y veía la rabia y el miedo en los ojos de los militares.  Los jóvenes peleaban con el alma no con un arma. Y en cada disparo lo hacían con un amor de libertad que solo el pueblo entendía.  Por eso cuando descansaban en las zonas liberadas sus sonrisas y sus miradas llenas de cariño permitían a la gente acercárseles y quererlos. Las muchachas con los fusiles en las manos descansaban y coqueteaban con los otros combatientes que no se quedaban atrás haciendo alarde de la picardía bien nuestra y coloreada con sabores a la tierra nuestra. Pero en el combate eran irreconocibles,  se entregaban completamente a la causa y ese amor vencía a la muerte. Y así en Suchitoto lo demostraban  mientras los militares  se “aculeriaban” y dejaban de ser los machos violadores de menores  y asesinos sin escrúpulos y temblaban ante la adolescente que a menos de 25 metros los tenia parapetados y con una gran culillera.

 

Cualquiera de vosotros hubiese pensado que bichita flacucha no los tenía bien puestos. Pero allí estaba y no dejaba que ninguno de los valentones ante el pueblo desarmado lograse levantarse. Yo creo que “El Diablo de hoy” negaría que eso sucedió un día, pero allí esta el amate fiel testigo de esa tarde antes de que John cayera en NYC.

 

En esa tarde los “cerotazos” sonaban por todos lados y de repente el silencio total y los muchachos se desvanecían como fantasmas libertarios en esa zona de oscurantismo.  Eso no fue una tan sola vez ya a finales del 80, después de la “carnicería” comenzó la liberación de Suchitoto.  Y no miento al decir que eso parecía Vietnam, y lo único que lamento es no haber podido tener una cámara que pudiera testimoniar hoy en día que lo que vi y viví en aquel entonces y que lejos de ser mentiras, las palabras no llegan a penas a describir lo dantesco y horroroso del momento. La realidad fue aun más dura que lo que podamos imaginar.

 

Y hoy en el 2007 cuando regrese después de tantos años a Suchitoto y mostré a mis hijos lo que fue un cuartel, hoy un edificio abandonado que parece panal de avispas pues todavía lleva consigo las huellas libertarias que aquel 10 de enero de 1981 dejara. Las paredes testigos aun de la rabia de un pueblo muestran el poder de la cólera de un pueblo.

 

Y señalando a una ventana que da directamente al camino que lleva al hospital señalaba a mis hijos, allí dormía yo. Y ellos con sus grandes ojos no podían creer que lo que el viejo contaba era cierto. Y solo venia a mi memoria aquella canción que se llama “volveré a mi pueblo”…

 

Me recuerdo de aquel amigo director del hospital que simplemente por no haber querido que el hospital se militarizara lo mataron al día siguiente. Hacer el viaje entre San Martin y Suchitoto en autobús se sentía larguísimo pues habían por lo menos 3 o 4 retenes que detenían a todos y con listas y fotos en las manos nos comparaban y ay de aquellos que estaban en la lista de la muerte. Al entrar en esas calles silenciosas a las 11 de la mañana parecía que todos dormían un sueño de terror.

 

Hubo un momento que ya no hubo agua, de la electricidad ni que hablar era raro tener suficiente para poder tomar las cervezas heladas. Había un tipo bien conectado con los señores de la guerra que le decían el “profesor” pero en realidad era ladrón de ganado. Siempre nos conseguía reses abandonas y con marcas de sus dueños originales. Allí aprendí a reconocer los cortes de carne pues se sacaban los “tasajos” a puro machete y en medio de la guerra se hacían barbacoas.

 

Otro lugar frecuentado estaba la famosa “Cafetería del teniente”, era allí que todos los que tenían día libre se iban a emborrachar. La cafetería estaba protegida pues a sus alrededores se encontraban los mini cuarteles de la guardia, de la policía y de la de Hacienda y también la famosa “comandancia local”.  Estoy hablando de dos cuadras debajo de la iglesia de Santa Lucia, patrona de los no videntes.

 

Yo no creo que Santa Lucia funcione pues como fue posible que esos militares en lugar de ver se volvieran ciegos y no vieran más que sangre. Valga la condena de los fieles y creyentes pero en ese entonces las oraciones eran acalladas por el estruendo de los cañones que trataban de eliminar toda señal de vida en los alrededores de Suchitoto. Los marañonales famosos de la zona, se perdían pues nadie recogía los frutos en esos caseríos abandonados.

 

Como si fuese ayer esos días después de la ofensiva final del 81, tratando de pasar de  San Martin a Suchitoto. Eso era casi imposible, muchas veces lo trate de hacer en autobús, en vehicule, en camión, nada, la carretera estaba cortada y se decía que Suchitoto estaba tomado. Allí callo ese día de la ofensiva nuestra compa de las F, nuestra querida Eugenia, ella era responsable del abastecimiento de los compas de la zona y en medio del “desvergue” tomo la decisión de llevar ella misma los pertrechos y armamentos que los compas necesitaban. Se aventuro con un camión lleno de armas por esa calle y murió combatiendo en una de las vueltas que la carretera tiene y que le fue mortal. A ella se le dedica aquel libro que se llama: “No me agarran viva” y así lo decía ella y así lo hizo. Su compromiso fue total y ella perdurara para siempre en nuestras memorias.-

 

 

septiembre 17, 2008 - Publicado por | Uncategorized

5 comentarios »

  1. Muy conmovedor y realista, tuve la oportunidad de visitar a inicios del ochenta, ENERO/1980, Suchichoto en compañìa y como despedida de Cecilia Quiñonez, ella me ilustró la historia del Padre Alas. Después vino la guerra, y perdimos todo contacto.
    Me gustaría poder recibir tu material en PDF, deseo que mi hijo lea tus experiencias y tu talento como escrito, y que describe los momentos que estuvimos viviendo hasta 1991. Bye broter. JTMarencoV

    Comentario por jtmarencov | septiembre 19, 2008 | Responder

  2. Buenos días Don Mauricio Rivera.

    Es un gusto saludarlo.

    Su relato sobre los antecedentes del conflicto en El Salvador, es muy interesante.

    Quiero comentarle que yo estóy realizanto una tesis sobre los origenes y desarrollo de FECCAS en Suchitoto. Estoy trabajando con varias personas que pertenecieron a dicha organización.
    Su experiencia vivida en Suchitoto resulta muy interesante para realizar un estudio más profundo desde una perspectiva histórica. Sobre todo si Ud. perteneció o conoció de FECCAS.
    Si le interesa compartir esas vivencias, le ruego que se ponga en contacto conmigo.

    Saludos

    Miguel Angel Acosta

    Comentario por miguelacosta | junio 9, 2010 | Responder

    • Mi estimado Miguel Acosta,
      Cuando yo estuve en Suchitoto ya FECCAS había desaparecido y los sobrevivientes de ese hecho se habían incorporado al movimiento revolucionario. En aquel entonces Suchitoto había sufrido la primera inmigración pues los habitantes que quedaban en ese pueblo fantasma era los miembros de ORDEN que ya no podían vivir en los cantones aledaños. Toda esa gente protegida por los militares y los cuerpos de seguridad se había adueñado de las casas abandonas por las familias identificadas como miembros de FECCAS-UTC. Muchos miembros de estas organizaciones populares formaron parte del BPR y consecuentemente de las FPL. En aquellos años negros el bello pueblo de Suchitoto era un pueblo fantasma en donde el viento llevaba un extraño olor a muerte y desolación. Imaginese un pueblo sin niños correteando en las calles, ni jovenes paseandose tranquilamente de la mano de sus novias después de la escuela. Nada de eso era como una película de horror en donde la muerte llevaba botas y uniforme militar.

      Comentario por mriveraq | junio 9, 2010 | Responder

  3. Hola, me dio mucho gusto leer estas notas escritas por alguien q realmente vivio esos momentos angustiosos, personalmente los vivi muchas veces y como solo era una niña para ese entonces lo unico q sabia hacer era llorar.
    Ese momento que describe, en el que una niña flacuchenta tenia a los soldados muertos de miedo, tambien lo vivi pero al contrario; cierto dia me toco pasar una tremanda balacera en medio del parque central de Suchitoto y no tuve mas remedio que tirarme abajo de una de las bancas que alli estaban y despues de varios minutos todo acabo pero el susuto tardo años en pasar y asi muchas anecdotas que podemos redactar ahora gracias a Dios. Ahora yo las cuento a mis hijas y amigos y parece que fueran sacadas de esas peliculas de guerra. Tambien quiero comentar que mi mama tenia un puesto en el mercado y que tambien mataron aun hermano mio en el canton de Agucayo y mi otro hermano mayor tambien murio a consecuencia de lo mismo; coincidencia o no habemos muchas personas con historias parecidas, gracias por escribir cosas tristes pero bonitas de mi pueblo.Repito me dio mucho gusto leer este articulo
    Dios lo bendiga.

    Comentario por mininabonita | septiembre 9, 2010 | Responder

    • Tanto sufrimiento que nos dejo ese conflicto armado que se vivió tan duramente en ese macondo que fue Suchitoto de aquella epoca. Pero sabe que Suchitoto nos dio también el amor a la vida de ver tanta muerte y desolación en aquel entonces. Hoy cuando viajo a El Salvador y visito Suchitoto y muestro las huellas de la historia a mis hijos nacidos en Canadá no creen pero al mismo tiempo sienten que el lugar los llama y se sienten como en casa.

      Comentario por mriveraq | septiembre 10, 2010 | Responder


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