A mí querida María- Luisa.
A mí querida María- Luisa.
La mayor parte de mis amigos nunca conocieron mi amiga Maria-Luisa. Les contare sobre ella pues guardo un especial cariño por esa mujer que la vida le dio mucho y le negó mucho. Sus apellidos eran de envidiar y hacer sentir codicia: era de la familia Guirola y casada con un Meardi, cafetalero de la ciudad de Berlin. Entonces ella era nada menos que la Sra Maria-Luisa Guirola de Meardi.
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El Esquema de la oligarquia Salvadoreña 1. Production of Coffee,Cotton and sugar(1970/1)
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Questia Media America, Inc. www.questia.com
Publication Information: Book Title: The Long War: Dictatorship and Revolution in El Salvador. Contributors: James Dunkerley – author. Publisher: Junction Books. Place of Publication: London. Publication Year: 1982. Page Number: 241.
Sucedió que allá por el 80 o 81 decidí comenzar mis estudios universitarios. Mi primera opción fue de irme a inscribir a la carrera de periodismo en la Universidad Nacional. Sucedió que la Nacional fue ocupada militarmente en mayo de aquel año y tuve que buscar una alternativa. Fui a parar a la Gavidia: “Si su hijo bruto nace la Gavidia, licenciado lo hace”. De esa manera se burlaban de mí mis amigos de la UCA la única universidad que podía llamarse universidad en aquel entonces. Me recuerdo que había como 20 universidades privadas con nombres extravagantes tales como la Da Vinci y otras más.
Pues fui a parar a la Gavidia y en aquel año se inscribió mi amiga Maria-Luisa. Ambos estábamos inscritos en la licenciatura en Psicología. ¿Se imaginan ustedes al Chilango de psicólogo?, capaz que cada vez que algún cliente venga a consultarme me cagaría de la risa pues lo bayunco no se me quita ni con los años.
Bueno, todos sabíamos que ella había entrado pues habíamos visto su nombre en el listado pero no sabíamos quién era. El pequeño recinto de la Universidad era un zoológico de especies raras cada quien con su acentito de niños y niñas bien. Era todo un contraste con mi mara del INFRAMEN ver un grupúsculo llenar el estacionamiento en las tardes y andar de la mano con sus novias o novios como en un mundo desconectado de la realidad.
Era todo un cambio de ambiente, nos permitían fumar en clases y rápido me hice muy amigo de una chica que fumaba conmigo en clases. Era la típica hippy con sus lentes que le daban un aire de intelectual. Ella vivía en la Monserrat y no me recuerdo de su nombre pero fuimos bien cheros pues ambos nos identificamos con la lucha. Y nos gustaba tomarnos una cerveza con unos tacos para la cena en un lugar cerca de El Salvador del mundo. Pero mi amiga María-Luisa, tomo días para saber quién diablos era. Todos esperábamos una despampanante rubia como muchas chicas fresas que por su condición social se dan al deporte de mantener la figura.
Cuál fue mi sorpresa que un día al pasar lista el maestro, vamos viendo que nuestra misteriosa compañera era una mujer prototipo de mi legendaria Pelanchis. Era todo lo contrario de lo que esperábamos. Pues encontramos una mujer sencilla y nada snob. Todo contrastaba con los numerosos “wanabes” que llenaban las aulas. Allí conocí a otras chicas de San Miguel y otra de Santa Ana que presentaban la misma forma de ser: campechanas y nada engreídas a pesar de que como más tarde supe provenían de familias pudientes de la zona.
Mi querida amiga María-Luisa tenía una sola amiga que era una típica “gorrona” en el español puro que eran aquellos jóvenes que acompañaban a los estudiantes en Salamanca, Alcalá de Henares y que eran sus casi sirvientes durante el internado de estos ricos estudiantes en esos centros. Se les llamo gorrones pues siempre vestían con un típico gorro negro que los identificaba. De allí viene la palabra “gorrón” que significa “larva o parasito” o aprovechado.
Yo viniendo del parque Centenario me di rápidamente a conocer en la cafetería por mí hablar soez y vulgar. Era todo un contraste el escuchar el hablado cursi de todo un grupo que se creía “la crema y nata” de la sociedad. En nuestros recreos comencé a “joder” (en buen castellano significa, molestar) a mi querida amiga, diciéndole unos piropos de estilo carretonero. Contrastaba además que mi futura gran amiga no era modelo de belleza, su belleza lo tenía en el corazón pues era mujer de gran corazón y de una simpleza enorme.
En lugar de sentirse ofendida por mis piropos de estilo: “mamasota te voy a comer toda…” o “Estas para chuparte los dedos”, todos pensaban que la señora de abolengo me soltaría una bofetada que por el peso de su cuerpo me haría perder conocimiento. Pero no fue así y al comienzo me veía tímidamente y me sonreía. Luego me decía que era un “bayunco”, luego me bautizo con el apodo del “seco” y a las insinuaciones deshonestas vulgares e indecentes ella respondía de igual manera. Era todo un show de vernos juntos en los recreos, echarnos un cigarro y jayanear sin tabúes.
Rompimos esquemas sociales, todo mundo me jodía y me decían hay viene tu novia y yo siempre la saludaba con un beso y con mis insinuaciones de adulto. Ella siempre respondía de manera similar. Creo que si hubiésemos hecho teatro humorístico ganamos un premio. Era la gorda y el flaco. Y así fuimos conociéndonos y llegamos a conocernos muy bien. Detrás de una fachada de mujer sonriente se escondía un drama cotidiano. Su esposo un rico cafetalero había perdido la vista pues padecía de una enfermedad hereditaria. Después de regresar de USA por tratamientos en Houston, no le quedaba otra opción que aprender el braille y el uso del bastón. Pero el drama no terminaba allí sus dos hijos de apenas 4 a 6 años habían heredado la misma condición. Cuando decía que la vida le había mucho y le había negado mucho, estoy seguro que mi amiga hubiese cambiado mucho de su condición material por tener a sus seres queridos con buena salud.
Con esta mi amiga compartimos muchas cosas pues a pesar de ser relajos compartíamos los estudios y ella tenía mucha dificultad en las materias pues no se podía concentrar en los estudios. Su situación familiar le impedía concentrarse y progresar en fin de cuenta la Universidad era una vía de escape del amargo cotidiano. Mientras los “wanabes” comenzaban a dejar caer las caretas plásticas que utilizaban crecían las amistades en ese reducido recinto de estudios. En esa época tuvimos una maestra de apellido Hasbun, quien su apellido señalaba sus orígenes palestinos y además de ser ampliamente conocidos como “colorados”. Ella nos daba la cátedra de Psicología general y daba clases en la nacional pero ahora militarizada utilizaba su tiempo en nuestro colegio que luchaba por sobrevivir con el epíteto de universidad.
En aquel tiempo fundamos una revista de literatura en la cual bajo un pseudónimo que no me recuerdo cual fue, me dedique a escribir como siempre ha sido mi pasión. Éramos un grupito de 4 o 5 y un montón de aprendices con quienes explorábamos las letras y el arte. Discutíamos sobre muchos autores que nos dábamos como tarea explorar. Pero que relajo hicimos cuando sacamos una publicación en la cual hacíamos un análisis de la situación nacional. Fue todo un escándalo y nos llamaron politizados y peligrosos.
En cierta ocasión se dio que en la cátedra de sociología, el maestro nos hablo de Das Kapital, y nosotros queríamos leerlo. Pero imagínense leer a Marx en el 81 era como tratar de leer a Martin Lutero en tiempos de la inquisición. Pues se nos ocurrió con mi amiga Maria Luisa de tomar la copia del maestro y fotocopiarla en la oficina de otra compañera que trabajaba en Santa Tecla y llevar las copias a todo mundo un sábado que como era de costumbre teníamos clases también.
Y nos fuimos para Santa Tecla en el carro de María Luisa y la otra chera y nos tiramos una buena parte del día haciendo las copias y metiéndolas en caja. Lo que paso ese día fue que como era de costumbre había retenes entre SS y Sta Tecla. La mala suerte fue que nos paran y nosotros con una caja repleta del famoso “Das Kapital”. Mis amigas se armaron de valor y se han bajado del auto y han comenzado a enamorar a los del reten que daba ganas de grabar el teatro cómico que se jugó ese día. Y para nuestra sorpresa nos dejaron pasar y nosotros muertos de risa hemos llegado a la clase a distribuir gratuitamente el famoso texto.
Las aventuras que pasábamos con esa amiga solo eran comparadas a las aventuras y relajos que acostumbraba armar en bachillerato. Con mi eterno espíritu de joven irresponsable no media a veces los riesgos que tomábamos. Cuando fui capturado y desaparecido mis compas de la Universidad no dudaron un minuto en apoyarme y se armaron colectas para ayudar a mi familia. Mi amiga Maria Luisa con su gran corazón no dudo en ayudar . Me visitaron en los penales de Opico, de Santa Ana y de Mariona.
En mis primeros días en el Penal de Santa Ana, yo era el único político en ese recinto de 450 reos de derecho común. En un comienzo me llovieron las amenazas de parte de los comunes y pase rápidamente a la lista de los que sufrirían “accidentes” dentro de ese centro. Tengo que agradecer a mis compañeros de la Gavidia que a diario me visitaban en Santa Ana, eran grupos hasta de 15 jóvenes que llegaban incluyendo a mi amiga María Luisa, quien no podía ocultar sus lagrimas al verme allí y su gran corazón de madre hacia que sintiese el dolor en toda su magnitud.
Los reos comunes al ver que era “político” y que eran grupos de jóvenes que me visitaban rápidamente se tiro la bola que eran todos “organizados” y miembros de las F. Así fue que me dejaron en paz pues nadie quería tener problemas con las organizaciones de aquel entonces. Pase a la categoría de “gorguera” dentro del penal pues todos me trataban con respeto y con mucho cuidado. En ese lugar llegue a tener hasta la llave de mi celda, pues me hice muy chero del comandante del centro quien era amante de una amiga mía.
En ese centro no podía quedarme con los brazos cerrados pues habían muchas necesidades y así fue que tome la escuela que había en el recinto y que permanecía cerrada por falta de maestro y comencé mi tarea social de educar a mis compañeros los “comunes”. En un comienzo, me ponían siempre un par de agentes que escuchara mis clases pues no querían que comenzara a “zonzacar” y politizar los demás reos. Pero rápidamente se dieron cuenta que mi objetivo, en todo caso evidente, era el de enseñar las primeras letras. Aclaro que mi objetivo era político pues el hecho de enseñar a leer y a escribir es en si un acto político que permite al que aprende a pensar y ver la realidad social y económica que nos estaba llevando a la guerra civil.
Sucedió que en aquel entonces, el movimiento paso a una etapa de control de zonas de seguridad y las haciendas de los Meardi pasaron a estar bajo control de las organizaciones. Eso obligo que mi amiga dejara la universidad y salieran del país. Fueron las últimas noticias que tuve de ella, pero siempre la guardo en mi corazón.
Hubieron mucha gente que fue determinante en mi vida y que me volvió rico sin tener un miserable dólar, pero con una riqueza que aún conservo pues la amistad no tiene valor.
Suchitoto en la memoria…
Suchitoto en la memoria…
A mi querida Mirta,
Que fuera la flor que ilumino mi corazón
En mis años de adolescencia
Allá por los 70 Suchitoto fue la cuna donde FECCAS-UTC comenzaron sus labores, los padres Alas trabajaron allí, durante años en la organización de los trabajadores que exigían salarios justos y mejoras en su nivel de vida: lo básico.
Durante algún tiempo, antes que San Salvador se convulsionara con el rugir del movimiento de masas, Suchitoto fue un microcosmos donde la tragedia tomo forma como un Macondo que nos mostraba lo que se avecinaba. Los jóvenes se organizaban, las señoras en los mercados llegaban con las tumbías repletas de legumbres y frutas y debajo de ellas toda la propaganda de las organizaciones campesinas. Dicho sea de paso estas organizaciones no nacen ligadas a una de las organizaciones armadas existentes en el país. Fue el resultante de una necesidad legítima que se broto de ese pueblo de flores.
En aquel entonces estaba, si mal no recuerdo el Coronel Molina en el Poder, y era en sus comienzos como mandatario. El movimiento en las ciudades era liderado por Andes 21 de Junio y su líder la Dra. Melida Anaya Montes, Comandante Ana María. El moviendo obrero era liderado por FENASTRAS. Pero Suchitoto, llevaba muchas millas de adelanto en su lucha callejera.
También en aquellos años se organiza bien ORDEN una organización que nace del PCN, cuya misión era de apoyar las autoridades públicas. Y en Suchitoto la gente de ORDEN en aquellos años trabajaba haciendo listados de todos los cipotes que en sus locuras de juventud no temían salir a gritar al parque sus consignas. Se hicieron listados con fotos y se preparo la respuesta a la organización popular de Suchitoto. En un primer momento se expulsa a los Padres Alas y se les acusa de "subversión". El Instituto nacional de Suchitoto sería el primero en sufrir… Algunos de mis amigos recordaran que dentro de nuestra promoción había hijos de los líderes de ORDEN. Bien calladito se lo tenían y parecían hijos de santos pero ya los teníamos bien cuadriculados.
¿Se recuerdan que “subversivo” el epíteto utilizado y a la moda en aquel entonces y que hoy es remplazado por el eufemismo de "terrorista", término importado del Norte?
Ya a los finales de los 70 se pasa a la etapa de la cacería de brujas en Suchitoto. Y comienza esa época de los años negros en que cada noche los de la "comandancia" iban a sacar a los bichos de sus casas. Los parques se convierten en exhibición pública de la barbarie humana. Y la gente comienza a huir y las casas quedan abandonadas, en poco tiempo Suchitoto se convierte en un pueblo fantasma en donde solo quedaron los de ORDEN, los viejos y la gente que en verdad no habían podido controlar. En poco tiempo Suchitoto se militarizo de una manera que parecía un cuartel desde la entrada hasta la salida. No quiero caer en las descripciones amarillistas de lo que allí se vivía en esos días pero las masacres de Ruanda y otros países eran como las que se veían en Suchitoto en aquellos días.
Las casas abandonas fueron dadas a los colaboradores de los señores de guerra que controlaban el pueblo. Ya en el 80 cuando llegue a trabajar a ese pueblo, que llegue a querer como mío, solo era un fantasma de muerte. A las 6 de la tarde NADIE se aventuraba por esas calles históricas. Era un ambiente tan lúgubre que solo podía hacer pensar uno de esos cuentos de Edgar Allan Poe en sus delirios extremos de un alcoholismo avanzado.
En las mañanas se escuchaban las gentes hablar en secreto de los muertos encontrados esa mañana en los diferentes lugares del pueblo. Mis vivencias fueron corroboradas años después por una gran amiga de mi madre que hoy vive en Canadá y que en aquellos años vendía en el Mercado de Suchitoto y por un gran amigo que perdiese a su hermano durante esos años.
Yo viví la historia de infiltrado viviendo el cotidiano dentro de la protección de la muerte verde de los militares. Con ellos mantuve muy buenas relaciones y a punto tal que el comandante local me llamaba "hijo". Cada vez que utilizaba ese epíteto me decía a mi mismo que era como ser hijo del diablo mismo.
Llegue a saber muchas cosas que pasaban allí y que vivíamos como en Vietnam en una zona ocupada pues en todos los alrededores era el dominio de las F. Con el tiempo me gane la confianza de algunas viejitas que llegaron a adoptarme y con quienes pasaba las noches platicando y ellas a la luz de velas me contaban los horrores vistos. Creo que la facilidad de escribir vivencias me viene de esa gente que se ponía a “chabacaniar” conmigo. Llegue a saber muchas de las historias prohibidas de amores que se pasaban en Suchitoto.
Eran tiempos de locura. Fue a mediados del 80 cuando lanzaron un gran operativo de limpieza pues según ellos limpiarían la zona de los facinerosos. Llegaron de Cojute los camiones y todo se reforzó. Y en esos días vivimos un Apocalipsis Now viendo los helicópteros ir y venir en esa operación limpieza. En las noches eran los estruendos: Ayugualo, la Bermuda y los otros cantones eran los puntos de ataque. Si era todo un operativo de estilo yunque y martillo que quisieron hacer allá en Morazán y que bautizaron Torala I luego el II hasta que Monterrosa regreso con su trofeo de guerra en un ataúd con una falsa transmisora de la Venceremos.
Al ver tanto despliegue de fuerzas era evidente que ni una bacteria roja podría sobrevivir allí. Llevaban arsenal made in USA, unos prismáticos que al ponérselos y ver de noche todo parecía tan claro como de día. Era evidente la supremacía del arsenal llevado. Cuál fue mi sorpresa que al día siguiente de comenzado el operativo los helicópteros comenzaron a salir repletos de heridos y muertos. Entre ellos el diabólico personaje que me llamaba "hijo". Me quede con la boca abierta, era imposible verlos regresar en menos de 24 horas en un estado tan lamentable que parecían que hubiesen sido revolcados como cerdos en el lodo.
Ese día tome la decisión de venir a la capital y me vine al mercado San Miguelito a comprar la corona más grande que me pudieran hacer con flores naturales. Pues el personaje que sería velado esa noche era un trofeo de guerra. Y me prepare a vivir mi "duelo".
Todos admiraron mi valor de haber atravesado el área en conflicto para ir a comprar una corona, la única que tuvo el muerto. ¡Qué desgracia que en un lugar que significa lugar de flores no se podía encontrar una tan sola flor! pues las balas habían acabado con todo.
Viví mi pena y el Bachiller Rivera gano la entrada en todos los cuarteles de la zona. Más no sabían…
Luego los ataques de los insurgentes se volvieron tan fuertes que eran cotidianos. De repente se recibía una llamada que unos jóvenes no identificados jugaban en el parque central y de repente era la balacera. Me recuerdo de una muchacha que solo protegida por un arbusto más flaco que yo que hoy esta convertido en un inmenso amate lindísimo, se aposto una tarde y con una ametralladora hizo que los soldados les diera corre que te alcanzo. Desde una ventana veía la situación y con la pálida que las balas venían en dirección en la cual sola la pared me protegía. Mis ojos grababan cada instante y mi mente quería detener ese momento para el futuro y poder describirlo un día.
Escuchaba las "malas palabras de la cipota": "Salgan hijos de puta" y veía la rabia y el miedo en los ojos de los militares. Los jóvenes peleaban con el alma no con un arma. Y en cada disparo lo hacían con un amor de libertad que solo el pueblo entendía. Por eso cuando descansaban en las zonas liberadas sus sonrisas y sus miradas llenas de cariño permitían a la gente acercárseles y quererlos. Las muchachas con los fusiles en las manos descansaban y coqueteaban con los otros combatientes que no se quedaban atrás haciendo alarde de la picardía bien nuestra y coloreada con sabores a la tierra nuestra. Pero en el combate eran irreconocibles, se entregaban completamente a la causa y ese amor vencía a la muerte. Y así en Suchitoto lo demostraban mientras los militares se “aculeriaban” y dejaban de ser los machos violadores de menores y asesinos sin escrúpulos y temblaban ante la adolescente que a menos de 25 metros los tenia parapetados y con una gran culillera.
Cualquiera de vosotros hubiese pensado que bichita flacucha no los tenía bien puestos. Pero allí estaba y no dejaba que ninguno de los valentones ante el pueblo desarmado lograse levantarse. Yo creo que “El Diablo de hoy” negaría que eso sucedió un día, pero allí esta el amate fiel testigo de esa tarde antes de que John cayera en NYC.
En esa tarde los “cerotazos” sonaban por todos lados y de repente el silencio total y los muchachos se desvanecían como fantasmas libertarios en esa zona de oscurantismo. Eso no fue una tan sola vez ya a finales del 80, después de la “carnicería” comenzó la liberación de Suchitoto. Y no miento al decir que eso parecía Vietnam, y lo único que lamento es no haber podido tener una cámara que pudiera testimoniar hoy en día que lo que vi y viví en aquel entonces y que lejos de ser mentiras, las palabras no llegan a penas a describir lo dantesco y horroroso del momento. La realidad fue aun más dura que lo que podamos imaginar.
Y hoy en el 2007 cuando regrese después de tantos años a Suchitoto y mostré a mis hijos lo que fue un cuartel, hoy un edificio abandonado que parece panal de avispas pues todavía lleva consigo las huellas libertarias que aquel 10 de enero de 1981 dejara. Las paredes testigos aun de la rabia de un pueblo muestran el poder de la cólera de un pueblo.
Y señalando a una ventana que da directamente al camino que lleva al hospital señalaba a mis hijos, allí dormía yo. Y ellos con sus grandes ojos no podían creer que lo que el viejo contaba era cierto. Y solo venia a mi memoria aquella canción que se llama “volveré a mi pueblo”…
Me recuerdo de aquel amigo director del hospital que simplemente por no haber querido que el hospital se militarizara lo mataron al día siguiente. Hacer el viaje entre San Martin y Suchitoto en autobús se sentía larguísimo pues habían por lo menos 3 o 4 retenes que detenían a todos y con listas y fotos en las manos nos comparaban y ay de aquellos que estaban en la lista de la muerte. Al entrar en esas calles silenciosas a las 11 de la mañana parecía que todos dormían un sueño de terror.
Hubo un momento que ya no hubo agua, de la electricidad ni que hablar era raro tener suficiente para poder tomar las cervezas heladas. Había un tipo bien conectado con los señores de la guerra que le decían el “profesor” pero en realidad era ladrón de ganado. Siempre nos conseguía reses abandonas y con marcas de sus dueños originales. Allí aprendí a reconocer los cortes de carne pues se sacaban los “tasajos” a puro machete y en medio de la guerra se hacían barbacoas.
Otro lugar frecuentado estaba la famosa “Cafetería del teniente”, era allí que todos los que tenían día libre se iban a emborrachar. La cafetería estaba protegida pues a sus alrededores se encontraban los mini cuarteles de la guardia, de la policía y de la de Hacienda y también la famosa “comandancia local”. Estoy hablando de dos cuadras debajo de la iglesia de Santa Lucia, patrona de los no videntes.
Yo no creo que Santa Lucia funcione pues como fue posible que esos militares en lugar de ver se volvieran ciegos y no vieran más que sangre. Valga la condena de los fieles y creyentes pero en ese entonces las oraciones eran acalladas por el estruendo de los cañones que trataban de eliminar toda señal de vida en los alrededores de Suchitoto. Los marañonales famosos de la zona, se perdían pues nadie recogía los frutos en esos caseríos abandonados.
Como si fuese ayer esos días después de la ofensiva final del 81, tratando de pasar de San Martin a Suchitoto. Eso era casi imposible, muchas veces lo trate de hacer en autobús, en vehicule, en camión, nada, la carretera estaba cortada y se decía que Suchitoto estaba tomado. Allí callo ese día de la ofensiva nuestra compa de las F, nuestra querida Eugenia, ella era responsable del abastecimiento de los compas de la zona y en medio del “desvergue” tomo la decisión de llevar ella misma los pertrechos y armamentos que los compas necesitaban. Se aventuro con un camión lleno de armas por esa calle y murió combatiendo en una de las vueltas que la carretera tiene y que le fue mortal. A ella se le dedica aquel libro que se llama: “No me agarran viva” y así lo decía ella y así lo hizo. Su compromiso fue total y ella perdurara para siempre en nuestras memorias.-
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