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Antes que caigan en el olvido mis escritos

Lo que la memoria hizo desaparecer.

Lo que la memoria hizo desaparecer.

Si mal no recuerdo era el año 69 o 70 cuando estaba en tercer grado en la escuela de varones Francisco A. Gamboa, era mi segundo año en esa escuelita pues mi primer grado lo curse en la escuela República Oriental del Uruguay que tuvieron que cerrarla para situar allí la Escuela nacional de música. Llegue a mi escuelita y en ese año tuve como maestra una joven muy bonita que era la esposa de un líder de ANDES 21 de Junio. La señora de Melgar era la esposa de Luis Melgar, quien años más tarde entrara en la clandestinidad como miembro de las F.

Se han de imaginar que un cipote de esa edad no se preocupa de cosas que van más lejos que de sus juegos y cosas típicas de la edad. Pero ya en tercer grado uno estudiaba la geografía e historia de El Salvador. Fue en aquel año que descubrí los acontecimientos del 32. Me recuerdo muy bien la cólera que mi tata hizo cuando le pregunte sobre eso. Dicho sea de paso en aquel entonces, él era miembro de la Guardia Nacional.

Mi mamá decía que yo era un gran “salido” pues a mi tata le hacía preguntas mero yucas como sobre el “origen del hombre” pues yo, ya en aquel entonces era Darwiniano y que los opositores a esa teoría ridiculizaban. Mi tata que además de jura era en aquel entonces miembro de una secta americana denominada: Rosacruz, se sintió ofendido que su hijo creyera en patrañas “comunistas” de que el hombre tiene un lazo de unión con el mono. No quiso entender que nosotros somos primates y me quería embobar con las teorías bíblicas judeocristianas.

Para él los hechos del 32 era otro tabú pues eran conversaciones solo de adultos y que nadie tenía que hablar. Si casi me da mis talegazos cuando le hable de los hechos de Izalco y de los héroes del movimiento del 32. Para en ese año me recuerdo que convencí a mi mamá de que me comprara mi primer libro que fue el Manual del Maestro Ciencias Sociales de Madre María Guillermina que trataba sobre El Salvador su historia y sus hombres. Leía y releía las gestas heroicas de los Izalcos, Mochizalcos y otros pueblos que se enfrentaron al invasor blanco.

Encontraba un gran placer al imaginar aquel cacique que atravesara con su flecha la pierna del desgraciado conquistador. Creo que la historia lo bautizo Atonal aunque no existan documentos que prueben que ese fuese su nombre verdadero. Lo mismo que sucede con el personaje mítico de Atlacatl que sale de la imaginación quijotesca de curas escribas de la época.

Pero esa pausa histórica es simplemente para ubicar al lector sobre el nivel de los conocimientos que se manejaban en aquel entonces. Mi estimada maestra que si mal no recuerdo llegue a tener en una gran estima y probablemente hasta sentir el primer amor de infancia pues estaba bien joven me llego a tener mucho aprecio. Su sonrisa y sus cabellos sueltos y su típica mini-falda contrastaban con el rigor que los otros maestros y maestras mostraban en esa escuela.

Mientras mis compañeros jugaban a las chibolas, mica, escondelero y otros menjurges, durante los recreos, yo disfrutaba de la conversación con mi maestra. Con ella pasábamos los recreos conversando sobre muchas cosas y de la forma que me trababa casi como adulto teníamos unas conversaciones interesantes sobre el acontecer nacional. Fue ella quien me hablo de Andes 21 de junio y del famoso “escalafón” que sería la causa de una huelga que se avecinaba.

No se puede negar que el hecho de tener una comunicación constante y cotidiana con la maestra me hizo blanco de críticas y burlas. Pero ya en aquel entonces yo era el “nerd” de la clase y perder mi tiempo en juegos sonsos no encontraba razón. Me recuerdo que durante el comienzo de ese año aprendí mucho sobre lo que sería la base de mi forma de pensar actual: Las injusticias no son creadas por Dios más bien son el resultante de la interrelación entre los hombres y la dominación de un grupo de la sociedad hacia otro.

Descubrí que El Salvador no tenía solamente un poeta de apellido Espino pero que también había otro todavía vivo que escribía sin rima y de una pluma cortante cuyo apellido era Dalton.

De repente exploto la huelga y las escuelas cerraron. Los maestros se tomaron el parqueo del Ministerio de Educación y desde las gradas de la biblioteca nacional se hicieron los discursos. A un costado del ministerio se armaron las cocinas y en otro lado el taller de confección de pancartas. En aquel entonces mi mamá se iba temprano al mercado a vender y yo con mi hermano mayor caminábamos unas cuadras y nos íbamos a pasar las mañanas escuchando los discursos y música que aquel teatro improvisado tenía lugar en aquel entonces.

Una señora morena, de estatura media y de lentes era la que se llevaba los más nutridos aplausos, todos la llamaban: “la doctora” y se trataba nada menos que de la histórica y carismática líder Melida Anaya Montes.

Era increíble el ambiente que se respiraba en aquel entonces, las maestras que uno se las forja en la mente solamente frente a la pizarra estaban allí haciendo los frijoles, tortillas y salcochando plátanos. Casi a diario habían manifestaciones de apoyo a la huelga, una de las más típicas era los famosos desfiles ufo, si mal no recuerdo así se llamaban y eran los jóvenes de la Universidad nacional que salía a las calles haciendo teatro de burla al acontecer nacional.

Era toda una belleza ver a muchachos vestidos de mujeres imitando a Marina Uriarte de Sánchez Hernández, primera dama de la República y esposa de Tapón. La otra que salía era la Antonia Portillo de Galindo, subsecretaria de Educación. Era un fiestón en las calles de San Salvador. El pueblo respondía apoyando a los maestros y a diaria estaban allí señoras de los mercados, campesinos, obreros, estudiantes llevando su apoyo a los maestros.

Cierto día a pesar de las necesidades que pasábamos en casa lleve mi bolsa de 5 libras de azúcar y de frijoles como apoyo a los maestros. Creo que fue en esa ocasión que tome el micrófono por primera vez. Mi profesión de bocón comenzaba a penas.

Tendré que consultar con mis libros esta noche para poder ubicar en el tiempo este evento histórico que paso en El Salvador. Pero si puedo situar el evento cuando yo estaba en tercer grado. Lo increíble de todo esto es que nos encontrábamos a la víspera de un momento que todos queremos olvidar y que muchos en El Salvador ni se recuerdan: La guerra civil.

No era necesidad de ser ducho en las ideologías de la época para tomar un partido simplemente era necesario abrir los ojos y ver que la situación era jodida. La miseria era generalizada, los precios del café permitían a una clase social reducida pagarse lujos que eran vergonzosos. Ya en aquel entonces llegaron los primeros Mercedez benz a El Salvador. Creo que el salario de los maestros llegaba a penas a los 170 colones. Una sirvienta ganaba entre 20 a 30 colones al mes. Una vecina que tenia la suerte de trabajar en la “escalón” lavando y planchando en la casa de la hermana de la famosa Marina de Sánchez Hernández, tenía un buen salario de 40 colones al mes.

Al terminar la huelga de Andes marco un regreso amargo de los maestros a las escuelas. La famosa Dra. Anaya Montez desapareció del ámbito nacional y nadie sabía nada de ella. Mario López la reemplazo en la dirección de la organización. Al regreso de clases fue en aquel entonces que escuche hablar de la posibilidad de un conflicto armado. Se discutía en voz baja de una forma de “revolución”. Cosa cierta yo decía que era imposible pues El Salvador no tenia selvas donde esconder un ejército. La posibilidad de levantamiento armado o revuelta popular me parecía no podía funcionar pues el temor y el miedo a los cuerpos de seguridad era palpable. En secreto hablaba con algún amigo y le decía que cambios no los veríamos vivos pues solamente nuestros nietos podrían participar en la tormenta que ya se avecinaba.

Cual errado estaba en mis vaticinios pues muchas cosas pasaban y estábamos a punto de ver el país deslizarse en una cuesta sin reten. Un evento que muchos olvidaron ya fue el secuestro y asesinato de un prominente acaudalado en los setenta. Se hablo de una famosa banda de los 13. Se hablaba de piochas y picos las cuales los secuestradores habían utilizado para ocultar el cuerpo.

Era apenas el comienzo de lo que serian 13 años de sufrimientos para un pueblo y 70 mil muertos y un sinfín de desaparecidos. Un millón de desplazados y refugiados aunados a 18 religiosos asesinados incluyendo al obispo del País.

El deber de recordar momentos que marcaron la historia desde la conquista hasta el comienzo del conflicto armado es un ejercicio necesario para entender la situación actual. Lastimosamente las nuevas generaciones no ven más allá de los centros comerciales y el resplandor que enceguecen los dólares que llegan sin ser ganados y despilfarrados en las nuevas catedrales del consumismo elevado a categoría de religión.

Hasta la próxima.

Abril 25, 2008 - Publicado por mriveraq | Mis recuerdos | | Aún no hay comentarios

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