Volver a vivir
Les gens de mon pays
Ce sont gens de paroles
Et gens de causerie
Qui parlent pour s’entendre
Et parlent pour parler
Il faut les écouter
C’est parfois vérité
Et c’est parfois mensonge…
Gilles Vigneault
MRQ.
Y esa calle llamada “rue” y esos vocablos nuevos que aparecen ante mis ojos son todo un mundo nuevo a leer y a descubrir. A penas esta mañana llegue a la ciudad de Québec, capital de la provincia del mismo nombre. Ayer fue 1 de julio, fiesta nacional de Canadá, fiesta ignorada en esta parte del país por razones aun ignoradas pero que ya mi olfato político me hace oler la razón, cual sabueso en pleno elemento de búsqueda.
Un ambiente de “pueblon” se respiraba, un tedio en esas calles que mostraban una ciudad que no tenía nada que ver con las imágenes mentales adquiridas gracias a la magia de televisión y el cine que nos hacen añorar esas enormes urbes norteamericanas. Esto parece más una antigua película francesa de los años sesenta. Una ciudad suspendida en el tiempo. Una arquitectura completamente distinta a la esperada ver en Norte América.
Solo hace 48 horas que deje San Salvador y me hace falta y es ahora que noto el ruido y la bulla que nos rodea en nuestra ciudad. Aquí es un inmenso recinto que me hace pensar que la ciudad entera es un monasterio. Tal vez el hecho de ver tantas iglesias, es el paroxismo esto parece la sucursal del vaticano en pleno Nuevo Mundo. Comienzo a sentir un sentimiento de pánico y terror de ver salir por doquier esos sotanudos y sotanudas que tanto horror me han inspirado desde mi infancia.
Solo falto una pequeña caminata alrededor de mi hotel, para darme cuenta que apenas conocía la mitad de los santos posibles e imaginarios y eso que viví en la Colonia Los Santos 1 de Soyapango. Aquí hay santos hasta para exportar… y al ver esas iglesias cuya belleza arquitectónica muestra el arte barroco francés del Nuevo Mundo me pregunto ¿Cómo fue posible construir tantas iglesias? Esto merece un estudio comparativo pues si en San Salvador crecen los burdeles y los Centros comerciales en esta parte del mundo la gente se dedicaba a construir iglesias como pasatiempo, en cada cuadra hay una iglesia que compite con la otra en belleza. ¿Cuántos sotanudos se necesitan para tantas iglesias me pregunto? Creo que la abundancia de iglesias termino con traspasar el ambiente de claustro a la ciudad completa.
Esta mañana llegue y no he visto “cipotes” correr, ni vecinos gritarse: “Niña Licha: ¿No quiere echarse una sopita de frijolitos monos con hueso e cuche, que acabo de hacer? Y el típico responder: Ay, si niña Fide, mire y hay le llevo unos pitos pa´ cuando hago sopa e frijoles” Todo ese ambiente de barriada que hace el alma de mi San Salvador lejano no existe más y ahora es una ancha calle tan limpia que un solo papel en la calle no se ve como si estuviésemos dentro de un estudio de tele.
Aun el calor de esa tarde de julio, el verano típico canadiense me parece fresco como si estuviésemos en las faldas del volcán o en la cima de Los Planes.Mi calor tropical esta ya a muchos grados, minutos y segundos de distancia en dirección al ecuador y aquí estamos más apuntando al polo norte.
Decido irme a mi habitación a meditar y pensar cuantos días podré aguantar antes de volverme loco completamente solo conmigo mismo rodeado de gente pero cual sordo mudo sin poder comunicar con nadie. Jamás en mi vida he estado en esta forma de tortura en la cual la soledad es la más cruel forma de romper la estructura psíquica aun del más cuerdo y no digamos de la mía que deja mucho que desear.
Recordando…
Hace dos días deje mi familia, mi ciudad, mi gente, mi mundo, mi calor, mi ruido, mi contaminación ambiental. Sí mi amigo hace apenas 48 horas, que deje los míos; me sacaron de Los Santos en la madrugada para salvarme el pellejo al enviarme lejos de ellos. Me sacaron en un pick up que en la oscuridad del amanecer dejamos Soyapango y nos tiramos a toda velocidad por la calle de Agua Caliente para ir a salir a la Garita y no se por que caminos y senderos ir a salir a la Feria Internacional antes de las 6 de la mañana de ese 30 de junio de 1983.
El asunto era evitar todos los retenes posibles que podrían frenar mi salida, en un silencio casi mortal nos veíamos sin decir nada. Cada una de mis miradas para mis seres queridos era para capturar esa imagen pues algo me decía que pasaría mucho tiempo antes que yo volviera a verlos. No había lágrimas en mis ojos, era una cólera al recordar las razones que me obligan a salir.
Ya el día anterior había hecho algo que no diría a mi madre nada antes de muchos años. Fue el hecho de irme a despedir de mi padre y de su mujer. La sola mención de eso hubiese herido de muerte a mi madre y nadie en la familia hubiese comprendido la razón que me llevo a ir despedirme de esa mujer que toda mi vida había sido un fantasma detrás de las eternas discusiones de mis padres.
Antes de dejar el país había decidido romper con todos los esquemas tradicionales que me ataban y así fue como esa tarde me despedía de mi tata y de su mujer. Esta última con lágrimas en los ojos me abrazo y se despidió de mí, mi padre me vio y no pudo aguantar las lágrimas y me pidió perdón por todo lo que me había hecho pasar durante toda mi vida. No sentí deseos de venganza o de hacer reproches ni de hacer más fuerte su dolor, simplemente respondí que no se preocupara que lo perdonaba pero omití agregar algo que me tendrá atado por muchos años a mi vida de infancia: ¡perdoné pero no olvidé! En ese momento estaba creando las bases que unirían nuestras familias años más tardes… sus hijos.. mis nuevos hermanos.
Llegamos a la feria…
Al llegar a la entrada de la Feria Internacional, ¡sí allí mismo donde tuvimos la pachanga aquella al final de nuestros estudios de bachillerato!, la imagen de esa fiesta me vino a la mente. Ahora en la puerta derecha del gran pabellón principal estaba yo a punto de decir adiós a los míos.
Allí estaban un grupo de “compas” con quienes emprenderíamos la aventura de salida. Éramos 19 con niños y algunos con sus compañeras o compañeros de vida. Los representantes del cuerpo diplomático se mostraban tensos en esa fresca mañana, y procedían a decorar el autobús con sendas banderas de los países respectivos que nos cubrirían la salida.
Todo comienza a parecer un guión de film de aquellos de Costa Gravas en pleno Santiago de Chile 1973. Las familias se despiden, nos damos los últimos abrazos, los “hasta luego” los eternales saludos:
“regresaremos con la ofensiva final“, etc. Etc.
La tensión sube y subimos nosotros al autobús y los diplomáticos nos saludan verifican nuestros pasaportes y re verifican que todo esté en orden. La bella carita de la muchacha con pinta de estudiante que me sonríen y se dirige a mi con la bandera azul y blanco de la provincia de Québec se identifica como representante del gobierno de ese lugar hacia donde yo me dirigía. Ella y el “chele” alto canadiense de la embajada se cruzan miradas y no se saludan, algo hay entre ellos que no distingo a comprender, pero que tiempo más tarde llegare a comprender que formaba parte de la típica guerra fría que los gobiernos de Canadá y de Québec se libran ad vitan eternum.
Canadá acababa de hacerle una movida histórica a Québec al aprobar la Constitución sin el acuerdo de esa provincia que hasta hoy en día es la única que no reconoce la jurisdicción de ese documento, a esa movida la historia Québec le llamara “la noche de los cuchillos largos” y Canadá lo reconoce como el repatriar la Constitución, o sea traerla de Londres y llevarla a Ottawa. Se sellaba y se legalizaba el concepto canadiense de las “dos soledades“.
El flashback…
Hacía menos de una semana había conocido a la muchacha está que me pareció la secretaria de la embajada pero jamás una representante diplomática. En ingles, esta muchacha, había pedido a la secretaria que nos recibía en la Feria que le hiciera el favor de distribuir unos formularios azules a aquellos que deseasen inmigrar a Québec. Fue en ese entonces que se me ilumino el foco, y me puse de pie y le pedí a la secretaria de la embajada el formulario azul.
La “maishtra” me miro con una mirada como que le estaba pidiendo limosna, algo así como decía en bachillerato: “Dame..Dameee, Damee…” y volví a repetir y a exigir el formulario azul, en la sala, los otros compañeros de Mariona y Cárcel de mujeres no entendían el porqué de la discusión que teníamos pues con mi limitado conocimiento del inglés lo había pedido en ese idioma. Con un poco de rabia en la mirada, “la vieja pendeja“, me extendió el formulario, el cual llene al igual que el rojo canadiense.
Como supe, luego fui el primero en llenar el famoso formulario el cual me hizo entrar en una batalla político-diplomático entre los dos gobiernos. El hecho que supe mucho más tarde fue que la Provincia de Québec tiene jurisdicción en materia de inmigración. Un inmigrante seleccionado por la esa provincia no puede ser rechazado por Canadá y luego en la entrevista con los “cheles” Canadienses de la seguridad estos me habían agarrado con una serie de preguntas las cuales parecían interrogatorio de la “jura”. Es cierto que uno sale con “color” de Mariona pero esos “cheles” con plante de miembros de la CIA pensaban que me les iba a “aculerar” frente a ellos.
El interrogatorio…
Bueno un solo talegazo de uno de ellos me hubiese arreglado los dientes de una sola vez. Pero con vente años solamente y la cabeza llena de consignas: ¡”Uno es bruto”!. Detrás de un escritorio dos “cheles” mirando mi expediente y repitiendo las mismas preguntas “pendejas”: ¿Cuántas bombas pusiste? ¿Sabes manejar una Uzi? ¿Conoces las Gallil? ¿Qué te parecen las M16? Y yo viéndolos a los ojos sin miedo con ganas de que cada una mis miradas los fulminara de un solo respondía: “no answer” Y la muchachita con cara de estudiante, representante de Québec, sentada a un lado de la puerta no podía ocultar que estaba gozando de la situación bastante cómica que mi entrevista originaba.
En un momento uno de ellos se “encabrono” y me dispara “somos representantes oficiales del Gobierno de Canadá” a lo cual respondí: “Podes representar a mi abuela si quieres y lo mismo te diría”. En ese momento supe que mi entrada a Canadá se había esfumado por bocón. Y cambiaron de preguntas: ¿Qué conoces de Canadá? Bueno es fácil, respondí y no es porque me recordase de las enseñanzas en Geografía turística de nuestra querida Sra. De Girón, pero en casa siempre mantuve un libro que se llamaba “Viajemos por América” y eso combinado con los conocimientos publicados por el libro aquel que me compraba religiosamente cada año con los datos de cada país el famoso Almanaque Mundial y los manuales de Madre María Guillermina tenía suficiente material para responder.
En fin como quien le dan cuerda a un loco comienzo hablar sobre los productos de exportación, los ríos principales y terminó con el aspecto político aclarando que no había presidente si no un primer ministro y que el gobierno era una monarquía constitucional, por lo cual se conocía todavía a Canadá como el Dominio de…, Uno de los “cheles” me ve con curiosidad como preguntándose y ¿este indio como sabe tanto de Canadá? Y me pregunta sobre los políticos, y le respondí sin problemas.
Echándole chile al mango…
Y luego el otro agrega: ¿Por qué quieres ir a Québec? Sin parpadear le dejo ir: ¡Por el FLQ (Frente de Liberación de Québec)!. Se quedaron mirándome como si tuviesen frente a ellos al Anticristo. Y la joven simpática estaba muerta de risa. Me pidieron que explicara eso y empiezo como si estuviese leyendo un comunicado de las “F” apoyando a la organización hermana en la búsqueda de la liberación y comienzo hablar del referendo de 1980 que nos diera la esperanza de ver un cuarto país en América del Norte.
Luego me dicen que si quería ir a Montreal o la capital de la provincia Québec, a lo cual respondí, que era a la capital de la provincia que quería ir. Es ilógico, respondieron, no hay gente que habla español allí y allí no se puede hablar inglés me restregaron en la jeta. A lo que respondí que de irme tan lejos no lo haría para estar hablando mi propio idioma, pues quería aprender otro y el inglés lo puedes aprender en cualquier lado.
Se despidieron de mí, y me aconsejaron de ver a los del equipo de Australia que estaba allí también en la oficina de al lado, señal evidente que veían en mi un dolor de cabeza más que un potencial inmigrante. La joven quebequence se despidió de mí y me prometió que pronto tendría noticias de ella. Y fue así, todavía recuerdo el documento que llego primero fue el famoso certificado de selección de la provincia de Québec.
Dos días más tarde Canadá aceptaba. Québec había utilizado su derecho legal en materia de inmigración y me había seleccionado, Canadá tuvo que aceptar… y se preguntarían si había sido un error…
Salimos de la feria
Sale el bus de la feria. Esa mañana, en el autobús, la joven me acompañaría hasta Miami, su base de operaciones era la ciudad de México. Tengo que aclarar que Québec es la única provincia que tiene oficinas como embajadas en otros países y eso es como tener una estaca zampada en el dedo gordo del pie izquierdo del Gobierno de Canadá. En el autobús ella era la única que mantenía un poco de tranquilidad, los españoles, los ticos y demás se veían que se morían de miedo. El bus se prepara para salir del recinto de la Feria, los llantos se vuelven más fuertes tanto dentro del autobús como fuera.
Tengo que decir que nunca he sido bueno para los lloriqueos que considero pura marranada y me fastidia enormemente ver alguien que lloriquea cual dolorosa con el corazón atravesado por siete puñales. Me dije a mí mismo “dejémonos de tanta mierda y hacerle huevo” me parecía cursi y casi una telenovela de mal gusto ver tanto lloriqueo cuando afuera el pueblo agonizaba.
Años más tarde lo mismo me sucedería en el cine con mi mujer al ver la famosa película del barco aquel, sí hombre el Titanic, que se hunde y que el novio se ahoga, al ver todas las “señoras” llorando no pude aguantar y solté la carcajada y creo que no me sacaron a patadas del cine ese día es porque la idiosincrasia canadiense no lo permite.
Esa mañana al salir el autobús de la Feria inmediatamente fue “acompañado” por un camión militar con senda ametralladora apuntando hacia nosotros y otro camión atrás con el mismo macabro instrumento de muerte apuntando hacia nosotros y todo era “para nuestra seguridad”.
Era la última maniobra de intimidación que los criminales uniformados nos hacían y el mensaje era claro: “¡Se van porque queremos pero podemos matarlos antes que se vayan si queremos!”. Nuestra respuesta fue inmediata y comenzamos a entonar nuestras consignas aprendidas en Mariona: “Obedeciendo consignas asignadas, Comando Central Presente!!!” “Pueblo Armado… Jamás es derrotado” y un sin fin de letanías.
El largo trayecto de apenas unos kilómetros…
Las suplicas de los diplomáticos se hacían más fuertes, nos pedían guardar silencio, en realidad “Se estaban cagando del miedo”. Entre cantos y consignas llegamos a Comalapa.
Tomamos esa nueva calle que nunca había visto y que todavía no estaba en uso pero para nosotros y bajo seguridad militar podíamos aventurarnos sobre lo que hoy es la autorruta que lleva al Aeropuerto.
¡Qué soledad! Tan lejos de las pupusas de Olocuilta y del ajetreo que la ruta antigua obligaba. Era de un solo tirón que estaba aprendiendo una página más de la geografía moderna de El Salvador. Mi nueva amiga, la delegada del gobierno de Québec comienza a darme explicaciones y un montón de documentos.
Cual viejos amigos comenzamos a platicar de todo un poco y me habla del proceso de Liberación de Québec y que el Gobierno actual de esa provincia era de tendencia separatista y se sentía feliz de saber que gente solidaria con ellos llegaba a re esforzar la lucha histórica que el pueblo francófono llevaba contra los ingleses.
Sin saberlo estaba abriendo la otra parte del libro de mi vida que me llevaría a recorrer el Canadá vociferando por la defensa de los derechos de la minoría de habla francesa. Fue un curso rápido de cómo se encontraba la situación política de donde llegaría.
El Aeropuerto
Esa autorruta tan solitaria y tan limpia parecía irreal, en un abrir y cerrar de ojos estábamos llegando al famoso aeropuerto que aun se denominaba “Comalapa”. Construido por una firma japonesa y que según las malas lenguas es una copia diminuta de Narita en Japón.
El autobús se detiene y esperamos que nos den la señal de bajar, una baya de soldados fuertemente armados desde la entrada del aeropuerto hasta la entrada del avión nos aseguraba que no podríamos volver.
Con el puño izquierdo levantado pasamos a través de esa baya de sabuesos que solo espera que soltar la lienza para saltar sobre nosotros. No hubo espera, no hubo revisión de maletas, directo al avión, los diplomáticos entraron con nosotros y nos acompañarían hasta Miami. Nos enviaron al final del avión de TACA el cual partió luego de algunos minutos de espera.
¡Qué miserable se veía nuestro majestuoso río Lempa! Sí parecía un riachuelo y los charquitos era nada menos que nuestros ríos majestuosos, soberbios volcanes, apacibles lagos…
Visitando a Celia Cruz
La tele en español de Miami anunciaba esa tarde: “Un grupo de terroristas salvadoreños salio de ese país con rumbo de Australia…” y con saña la lectora de noticias añadía a la información datos que nos pintaba cual energúmenos que era necesario eliminar de la faz de la tierra:
“Bienvenidos a Miami, tierra de la gusanada…”
El miedo que no sentí ante tanta “animalada” que nos dio la despedida desde la salida de la feria esta mañana hasta el aeropuerto broto de pronto como la “palida” del chavo que decidido a declarársele a la chavita: esta listo excepto que en el momento de hacerlo la lengua se traba y no hay palabra que sale para expresar ese amor que le quema el alma y se pierde la oportunidad.
Así fue ese momento al realizar sentado en el avión de TACA que de verdad ahora era cuestión de minutos antes de despegar. ¡Esta babosada se puede caer! No sentí miedo a los criminales que ojos de carniceros voraces o aves de rapiña nos acompañaron hasta la entrada del avión pero ahora cuando el piloto anunciaba que nos preparábamos a salir con rumbo a Miami con una pequeña escala en Belice.
Y no es por ser valiente o superhéroe pero después de haber sobrevivido ese año en cautiverio y haber escapado de las bartolinas media luna que bien describe Marta Valladares en su libro: “Nunca estuve sola”, no puedes sentir miedo pues te has curado de eso, ya viste la muerte, la saludaste y te dio otra oportunidad y ahora ves esos criminales con otra perspectiva.
Ellos lo saben, lo siente, les hemos salido adelante, no podrán nunca más hacer nos temblar de temor y saben que frente a frente en situación de combate esa actitud de no temor hace toda la diferencia y eso los llena de cólera y nos detestan mas y nos quisieran acabar allí mismo como hicieron con mi amigo Francisco, con aquel otro cipote Antonio, que se creyó perdonado y volvió a su casa y solo quedo su sonrisa en la foto que hoy su madre muestra como recuerdo de una vida truncada por la cobardía de esos criminales.
Ahora sí no hay vuelta de hoja, el avión comienza a moverse y las tripas se retuercen y se hacen nudo. De repente la idea de “nunca más volver” me brota y comienzo a sentir esas ganas de saltar de esa babosada de avión que comienza a moverse para colocarse en la pista de despegue. ¡Ya me jodi! Adiós El Salvador. El corazón se acongoja y el avión despega, todo comienza a parecer más y más pequeño. ¡Qué desforestado se ve mi pobre país! Cerros completos quemados por el NAPALM , entramos en Guatemala y en pocos minutos la vegetación se vuelve más y más espesa y la voz del piloto anuncia la llegada al aeropuerto Internacional de Belice. ¡Qué burla ¡ es esa, allí no hay aeropuerto, pura selva, ríos color esmeralda y lagunas de un azul inimaginable se divisan desde la ventana de mi asiento.
¿Dónde putas esta ese aeropuerto de pacotilla? En ese momento el miedo a quedar estrellado en las selvas de Chiapas comienza a aparecer en mi torturado cerebro. De repente como por arte de magia la selva se abre, a un lado ríos y selva y baterías antiaéreas, vestigios del ejército británico que parecía una violenta burla a todos aquellos que siempre consideramos ese territorio como parte integrante de Guatemala.
La “Union Jack” como se le llama a la bandera británica flotaba alegremente en la selva, eso no parece aeropuerto mas una Terminal de trenes de la famosa “IRCA” con sus trenes que nos llevaba para Amapulapa.
Como era de esperar la media hora se eternizo en esa selva de aeropuerto y luego de una larga espera salimos con destino a Miami. Al fin podíamos tener algo de comida, ya los cipotes desesperados chillaban pidiendo pacha en ese avión del destierro. Con más de una hora de retraso llegamos al aeropuerto Internacional de Miami. Ese primero de julio la humedad de ese sitio se sentía tremendamente y aun para nosotros acostumbrados al calor eso fue como una patada en plena cara.
Al salir del avión un delegado de Canadá nos da la “bienvenida” y mi nueva amiga se despide de mí pues regresa a México para luego volver a El Salvador, la nueva compa quebequence me desea éxitos y me cuenta en detalles como estuvo el relajo de mi salida, ya fuera de El Salvador, nos carcajeamos de los “cheles” y se sus regadas para dirigirse a los compatriotas.
A boca de jarro le deje ir: “¿Cómo es que hablas bien el español?” Y ella sin ningún problema comienza hablarme de su amante mexicano que en el argo quebequence llaman “amigo”. Ella me informa que nos estarían esperando en Montreal y que durante el viaje con ya sea en Miami y NYC que nos hiciéramos muy discretos. Así fue que nos convertimos en “estudiantes becados” una idea que me vino y se las comunique a los demás compas, los cuales se sentían como “pollos comprados” ante toda la situación migratoria. En un momento me encontré con todos los pasaportes de toda la mara y fui nombrado allí mismo el “bocon” del grupo.
Como agradecía aquella experiencia que tuve en aquella línea aérea colombiana en donde me aburrí a muerte por varias semanas haciendo la práctica de turismo. Ahora podía leer los códigos cabrones en los boletos de avión y cuando nos llevaron ante la Migra, respondí el credo aprendido: ¿Qué motivos los llevan a Canadá? Respuesta: Estudios.
Luego nos informan que habíamos perdido nuestra conexión con NYC y que la línea aérea estaba haciendo los trámites para enviarnos en otro vuelo. Nos enviaron a fuera a la sala de espera y de repente me doy cuenta que solo una puerta de vidrio me separa de los Estados Unidos. Cual insolente, no dudo y camino afuera y llego al parqueo, estoy ya en territorio americano y aquí me puedo desaparecer si yo quisiera.
Veo a todos lados, nadie me está vigilando, comienzo a preguntar sobre la ciudad y el sistema de trasporte. Sonrío y enciendo un cigarrillo, ¿Cuántos compatriotas sueñan por estar por estos lados? Y yo aquí y no siento el menor deseo de quedarme. Comenzamos mal me dije pero ya estamos en el macho hay que hacerle huevo a la situación. Lejos estaba el desayuno que TACA nos había dado en el trayecto.
El drama comienza aparecer, la mayoría viajaba sin ningún dólar en sus bolsillos. Un pinché hot dog era casi 5 dólares y no teníamos la posibilidad de recurrir a nadie allí. De repente nos avisan que no podremos salir hasta el día siguiente y que nos enviaran a un hotel cercano del aeropuerto: “Welcome to Holiday inn”.
En esa tarde fuimos asignados en diferentes habitaciones compartidas y luego nos llevaría por parejas a un restaurante cercano para cenar. Pedí que las familias con niños fueran llevado primero y que pidieran en el restaurante que llenaran las pachas para pasar la noche. Me fueron a traer y me llevan a ese restaurante y los de la Migra me dicen que si quieren que ellos pidan por mí a lo que respondí por una negativa y tome el menú y aplique mis conocimientos en Hostelería y Turismo para pedir haciéndole honor a lo enseñado por el Señor Cantoni, la jarra de Miller no pudo faltar.
Después de un año en Mariona no iba a perder la oportunidad de comer como se debe y joder a los de la Migra que me vean con mi jarrón de cerveza mientras ellos no pueden tomar por estar en servicio. Luego en las noticias de la noche ya las imágenes de nuestra salida del país habían llegado y mostraban a ese grupo de sediciosos salir de El Salvador.
Todos dijimos: ¡Somos nosotros! Estábamos camino a la fama…
¡Bienvenues au Canada!
Al día siguiente comenzamos temprano, de regreso al Aeropuerto luego salida a NYC y algunas horas más tardes llegar a LaGuardia. La espera allí se hizo eterna pero sería un vuelo de una hora entre NYC y Montreal.
Habíamos desayunado antes de salir de Miami pero luego no habíamos tenido comida en NYC y en esa espera lo único para callar el hambre era el agua. Entramos al avión y esa salida fue eterna pues era el llamado “peak time” de NYC y ese avión de mierda no despego antes de las 9 de la noche. A eso de las 10 PM el avión aterrizaba en el aeropuerto internacional de Dorval, hoy llamado Pierre Ellioth Trudeau, quien en ese entonces era el primer ministro de Canadá. Era todo un drama esa llegada, pues los cipotes aullando de hambre, los adultos en un acto de solidaridad nos apoyándonos los unos a los otros como que los niños fueran también nuestros. Éramos una sola familia que llegaba. Los turistas eran enviados hacer fila a una sección y nosotros fuimos enviados a otra.
Al final de largo pasillo de ese inmenso aeropuerto había gente que nos esperaba, todavía recuerdo la sonrisa de aquella regordeta que de pie al lado de la bandera canadiense nos sonríe y en español nos dice: “El Gobierno de Canadá les da la Bienvenida”, nos abraza como si fuésemos sus familiares.
Yo me pregunto: ¿Qué ha fumado esta “maishtra”?. Luego, tal como la “cara de estudiante me lo había dicho un hombre se acerca y nos saluda en español: “El gobierno de Québec les da la bienvenida!!!” Y agrega, “el Ministro de Inmigración se disculpa por no estar esta noche aquí y me envía esta carta, su nombre no me decía nada: Gerald Godin…”
Pero al escuchar la carta del ministro que más que ministro es uno de las más grandes poetas del moviendo independentista de Québec, omprendimos todo: El poeta-ministro compartía con nosotros algo único: la experiencia de la cárcel, él había sido detenido ilegalmente en la crisis de octubre (1970) cuando Canadá impuso la ley marcial en Québec y estuvo casi un año en prisión.
Hoy era Ministro de inmigración y solidario con la lucha del pueblo salvadoreño. Sin poder entender lo que estaba sucediendo esto me parecía una locura, un ministro pedirnos disculpas y escribirnos una carta de puño y letra y enviarnos a su representante oficial; ¿A qué mundo de locos había llegado?
Más tarde sabría más de Gérald Godin cuando fue sacado de su casa y encarcelado sin motivo, golpeado torturado por simplemente pensar y soñar en una patria que hablara francés en América del Norte. Fue en la época negra de la historia poco contada de Canadá cuando se instaura la ley de estado de guerra en Montreal y se encarcelo sin motivo a cientos de intelectuales de esa provincia.
48 horas de vorágine
Estas 48 horas han pasado a una velocidad vertiginosa, hasta hace dos días perseguido en mi propio país, un casi nadie, un ex – prisionero político siendo recibido como personalidad extranjera. En menos de 5 minutos nuestras visas nos fueron extendidas y éramos “residentes permanentes” de nuestra nueva patria desde ese 2 de julio y el reloj marcaba las 12 y 10 de la noche. La cara de hambre y los llantos de los niños evitaron que los discursos se extendieran y nos sacaron del aeropuerto y cual fue mi sorpresa ues me esperaba un bus similar al que nos sacara de la Feria. No había bus ni nada: era una línea de limosinas con chóferes con traje de negro nos abría la puerta cual estrella de cine y nosotros nos veíamos embrutecidos, con dudas y con miedo.
Uno de ellos, de los chóferes, me llamo separadamente para decirme que al día siguiente el seria mi chofer y me traería de regreso al aeropuerto para que continuara yo solo mi trayecto hasta la capital nacional de la provincia. Aturdido, abrumado, me sentía y me siento todavía como sin comprender la razón de tanto esfuerzo para darnos la bienvenida. Una línea de limosinas negras que más parecía cortejo diplomático salía esa noche del aeropuerto con rumbo a un hotel. Cinco minutos más tarde llegábamos frente al Hilton Dorval Hotel.
Como “Pollos comprados” salíamos esperando que de un minuto a otro nos pidiesen que pagáramos por todo eso, el chofer me dice en inglés que no me preocupe y que todo esta cancelado por el Gobierno de Canadá. Entramos al recinto del hotel y me dirijo al “front desk” y me dicen sonriendo que nos estaban esperando. Yo les digo que los niños necesitaban comida, inmediatamente me dicen que nos dirijamos al restaurante que “ya esta cerrado, pero lo abrirán para nosotros”. Todo parece tan confuso y le pido a la chica que me repita lo que me esta diciendo y ella sonriendo sale de la recepción y nos señala el restaurante y nos dice que pidamos lo que queramos.
Yo traduzco y nadie cree y me piden que le diga que nadie tiene dinero, lo hago y ella sonríe y nos dice que no hay problema. En pocos minutos llega el Chef de origen cubano y con la sonrisa del Caribe comienza a tratarnos como que si estuviésemos en su casa. Nos hizo pollo frito, papas y los bichos se hartaron como locos. Luego salimos todos los compañeros y dejamos a las familias y nos fuimos alrededor de la piscina del hotel que poseía hasta una cascada. Comenzamos a analizar la situación y todos sabíamos que allí terminaba nuestra jornada, a partir de ese momento nuestras vidas tomaban otros rumbos.
Él mío seria el primero pues el chofer con la limousine vendría temprano a buscarme para llevarme al aeropuerto. Con lágrimas en los ojos y la rabia de volver a nuestro querido país un día, juramos continuar la lucha en este nuevo país. Fue nuestro último acto político. Con solo pocas horas de sueño exactamente como lo dijo el chofer a las 6 de la mañana estaba esperándome a la puerta del hotel.
Me llevo hasta Air Canada y allí seguiría yo solo hacia la Capital Nacional como se le llama hoy a Québec. La distancia que separa esas dos ciudades es de apenas 3 horas y casi nadie viaja en avión. Viaje en primera clase y a las 8 de la mañana de un día sábado 3 de julio estaba llegando a la ciudad en donde nacería de nuevo. En menos de 48 horas de parto llego a ese aeropuerto tan pequeño que el de Comalapa se lo lleva chiche. Empiezo a dudar de mi intuición, eso es un pueblo, no es una ciudad. 48 horas a penas y mi mundo ha girado totalmente, solitario esta tarde soleada de julio recuerdo a mi gente, mi contaminación, mi ruido, mis malos olores, mi terruño tan lejano…
“Air Canada anuncia la llegada en los próximos minutos al Aeropuerto Internacional de Québec, favor abrocharse los cinturones y poner en posición derecha vuestros asientos. Ha sido placer tenerlos con nosotros esta mañana y esperamos tener la oportunidad de viajar con Uds. muy pronto…” ¡Como se atreven a llamar a esto “aeropuerto internacional”! El majestuoso rió San Lorenzo nos ha acompañado desde nuestra salida de Montreal, hijole ese sí es Río, no nuestro pobre Lempa…, pero solo palos se ven por todos lados, una inmensidad verde a perdida de vista.
Ahora en esta ciudad de silencio y de iglesias. Nadie parecía estar esperándome. Por vez primera y al llegar a la recta final de mi viaje sentía aquel temor de lo desconocido.
Todos recogieron sus maletas y yo las mías siguiendo el “modus operandis” que hoy es un automatismo en mi forma de ser, recoger las maletas colocarlas en un carrito y buscar con la vista alguien que me diga “hola” o aunque sea “Pendejo aquí estoy”, nada en pocos minutos el aeropuerto se queda vació y yo en medio de aquella sala vacía en un sábado por la mañana: ¡Solo conmigo mismo! Me dirijo a las oficinas de Air Canada y explico mi situación en inglés made in INFRAMEN. Me dicen que no saben nada y que todos los teléfonos que llevo son de oficinas públicas que están cerradas por el fin de semana y que abrirán el lunes.La solución me dicen llamar a la policía para que ellos pasen un comunicado por la radio a ver si alguien escucha el mensaje y viene a buscarme.
Dicho y hecho, en pocos minutos la JURA esta allí revisando mis papeles y hablando por walkie talkie y comunicándose con la central. Ya para ese entonces me había convertido en la atracción o en el centro de interés de es aburrido lugar, en donde nunca pasa nada. El teléfono suena en la oficina de Air Canada, escucho sin entender ni jota pues se pasa en la lengua oficial del lugar: el francés. De repente se hablan entre ellos y se dirigen a mí. ¡Ya me jodi! me dije a mi mismo salí de Mariona para venir a pasar el primer fin de semana en chirona aquí en Canadá.
La empleada me sonríe y me dice que no preocupe que alguien llamo para preguntar si había llegado y que viene a buscarme. Todo parecía una obra del absurdo total, en 10 minutos se presenta una “maishtra” quien me saluda cordialmente y me pide que no le hable inglés pues no habla nada eso y que podemos hablar en español es peruana y viene a buscarme, ella es mi guía asignada por el gobierno de Canadá, su nombre Delia Téssier.
Me voilà dans mon nouveau pays où une nouvelle langue m’attendait comme premier défi, alors ma nouvelle vie commença…
Tardaría 16 años en verte terruño querido, tardaría 16 años para ver las lágrimas que pude frenar al salir brotar humildemente cuando el avión comenzó a descender en ese día de noviembre de 1999 y llorar en silencio por el tiempo que te tuve lejos.
TACA, Transportes aéreos Centro Americanos les da la bienvenida al Aeropuerto Internacional de El Salvador, favor mantenerse en su asientos hasta que el avión toque la pasarela de salida y se apaguen los motores…
El día que deje mi Patria…
Les gens de mon pays
Ce sont gens de paroles
Et gens de causerie
Qui parlent pour s’entendre
Et parlent pour parler
Il faut les écouter
C’est parfois vérité
Et c’est parfois mensonge…
Gilles Vigneault
MRQ.
Y esa calle llamada “rue” y esos vocablos nuevos que aparecen ante mis ojos son todo un mundo nuevo a leer y a descubrir. A penas esta mañana llegue a la ciudad de Québec, capital de la provincia del mismo nombre. Ayer fue 1 de julio, fiesta nacional de Canadá, fiesta ignorada en esta parte del país por razones aun ignoradas pero que ya mi olfato político me hace oler la razón, cual sabueso en pleno elemento de búsqueda. Un ambiente de “pueblon” se respiraba, un tedio en esas calles que mostraban una ciudad que no tenía nada que ver con las imágenes mentales adquiridas gracias a la magia de televisión y el cine que nos hacen añorar esas enormes urbes norteamericanas. Esto parece más una antigua película francesa de los años sesenta. Una ciudad suspendida en el tiempo. Una arquitectura completamente distinta a la esperada ver en Norte América.
Solo hace 48 horas que deje San Salvador y me hace falta y es ahora que noto el ruido y la bulla que nos rodea en nuestra ciudad. Aquí es un inmenso recinto que me hace pensar que la ciudad entera es un monasterio. Tal vez el hecho de ver tantas iglesias, es el paroxismo esto parece la sucursal del vaticano en pleno Nuevo Mundo. Comienzo a sentir un sentimiento de pánico y terror de ver salir por doquier esos sotanudos y sotanudas que tanto horror me han inspirado desde mi infancia. Solo falto una pequeña caminata alrededor de mi hotel, para darme cuenta que apenas conocía la mitad de los santos posibles e imaginarios y eso que viví en la Colonia Los Santos 1 de Soyapango. Aquí hay santos hasta para exportar… y al ver esas iglesias cuya belleza arquitectónica muestra el arte barroco francés del Nuevo Mundo me pregunto ¿Cómo fue posible construir tantas iglesias? Esto merece un estudio comparativo pues si en San Salvador crecen los burdeles y los Centros comerciales en esta parte del mundo la gente se dedicaba a construir iglesias como pasatiempo, en cada cuadra hay una iglesia que compite con la otra en belleza. ¿Cuántos sotanudos se necesitan para tantas iglesias me pregunto? Creo que la abundancia de iglesias termino con traspasar el ambiente de claustro a la ciudad completa.
Esta mañana llegue y no he visto “cipotes” correr, ni vecinos gritarse: “Niña Licha: ¿No quiere echarse una sopita de frijolitos monos con hueso e cuche, que acabo de hacer? Y el típico responder: Ay, si niña Fide, mire y hay le llevo unos pitos pa´ cuando hago sopa e frijoles” Todo ese ambiente de barriada que hace el alma de mi San Salvador lejano no existe más y ahora es una ancha calle tan limpia que un solo papel en la calle no se ve como si estuviésemos dentro de un estudio de tele.
Aun el calor de esa tarde de julio, el verano típico canadiense me parece fresco como si estuviésemos en las faldas del volcán o en la cima de Los Planes.Mi calor tropical esta ya a muchos grados, minutos y segundos de distancia en dirección al ecuador y aquí estamos más apuntando al polo norte. Decido irme a mi habitación a meditar y pensar cuantos días podré aguantar antes de volverme loco completamente solo conmigo mismo rodeado de gente pero cual sordo mudo sin poder comunicar con nadie. Jamás en mi vida he estado en esta forma de tortura en la cual la soledad es la más cruel forma de romper la estructura psíquica aun del más cuerdo y no digamos de la mía que deja mucho que desear.
Hace dos días deje mi familia, mi ciudad, mi gente, mi mundo, mi calor, mi ruido, mi contaminación ambiental. Sí mi amigo hace apenas 48 horas, que deje los míos; me sacaron de Los Santos en la madrugada para salvarme el pellejo al enviarme lejos de ellos. Me sacaron en un pick up que en la oscuridad del amanecer dejamos Soyapango y nos tiramos a toda velocidad por la calle de Agua Caliente para ir a salir a la Garita y no se por que caminos y senderos ir a salir a la Feria Internacional antes de las 6 de la mañana de ese 30 de junio de 1983. El asunto era evitar todos los retenes posibles que podrían frenar mi salida, en un silencio casi mortal nos veíamos sin decir nada. Cada una de mis miradas para mis seres queridos era para capturar esa imagen pues algo me decía que pasaría mucho tiempo antes que yo volviera a verlos. No había lágrimas en mis ojos, era una cólera al recordar las razones que me obligan a salir.
Ya el día anterior había hecho algo que no diría a mi madre nada antes de muchos años. Fue el hecho de irme a despedir de mi padre y de su mujer. La sola mención de eso hubiese herido de muerte a mi madre y nadie en la familia hubiese comprendido la razón que me llevo a ir despedirme de esa mujer que toda mi vida había sido un fantasma detrás de las eternas discusiones de mis padres. Antes de dejar el país había decidido romper con todos los esquemas tradicionales que me ataban y así fue como esa tarde me despedía de mi tatá y de su mujer. Esta última con lágrimas en los ojos me abrazo y se despidió de mí, mi padre me vio y no pudo aguantar las lágrimas y me pidió perdón por todo lo que me había hecho pasar durante toda mi vida. No sentí deseos de venganza o de hacer reproches ni de hacer más fuerte su dolor, simplemente respondí que no se preocupara que lo perdonaba pero omití agregar algo que me tendrá atado por muchos años a mi vida de infancia: ¡perdoné pero no olvidé! En ese momento estaba creando las bases que unirían nuestras familias años más tardes… sus hijos.. mis nuevos hermanos.
Llegamos a la feria…
Al llegar a la entrada de la Feria Internacional, sí allí mismo donde tuvimos la pachanga aquella al final de nuestros estudios de bachillerato, la imagen de esa fiesta me vino a la mente. Ahora en la puerta derecha del gran pabellón principal estaba yo a punto de decir adiós a los míos. Allí estaban un grupo de “compas” con quienes emprenderíamos la aventura de salida. Éramos 19 con niños y algunos con sus compañeras o compañeros de vida. Los representantes del cuerpo diplomático se mostraban tensos en esa fresca mañana, y procedían a decorar el autobús con sendas banderas de los países respectivos que nos cubrirían la salida.
Todo comienza a parecer un guión de film de aquellos de Costa Gravas en pleno Santiago de Chile 1973. Las familias se despiden, nos damos los últimos abrazos, los “hasta luego” los regresaremos con la ofensiva final, etc. Etc. La tensión sube y subimos nosotros al autobús y los diplomáticos nos saludan verifican nuestros pasaportes y reverifican que todo esta en orden. La bella carita de la muchacha con pinta de estudiante que me sonríen y se dirige a mi con la bandera azul y blanco de la provincia de Québec se identifica como representante del gobierno de ese lugar hacia donde yo me dirigía. Ella y el “chele” alto canadiense de la embajada se cruzan miradas y no se saludan, algo hay entre ellos que no distingo a comprender, pero que tiempo más tarde llegare a comprender que formaba parte de la típica guerra fría que los gobiernos de Canadá y de Québec se libran ad vitan eternum.
Canadá acababa de hacerle una movida histórica a Québec al aprobar la Constitución sin el acuerdo de esa provincia que hasta hoy en día es la única que no reconoce la jurisdicción de ese documento, a esa movida la historia Québec le llamara “la noche de los cuchillos largos” y Canadá lo reconoce como el repatriar la Constitución, o sea traerla de Londres y llevarla a Ottawa. Se sellaba y se legalizaba el concepto canadiense de las “dos soledades”.
Hacía menos de una semana había conocido a la muchacha está que me pareció la secretaria de la embajada pero jamás una representante diplomática. En ingles, esta muchacha, había pedido a la secretaria que nos recibía en la Feria que le hiciera el favor de distribuir unos formularios azules a aquellos que deseasen inmigrar a Québec. Fue en ese entonces que se me ilumino el foco, y me puse de pie y le pedí a la secretaria de la embajada el formulario azul. La “maishtra” me miro con una mirada como que le estaba pidiendo limosna, algo así como decía en bachillerato: “Dame..Dameee, Damee…” y volví a repetir y a exigir el formulario azul, en la sala, los otros compañeros de Mariona y Cárcel de mujeres no entendían el porque de la discusión que teníamos pues con mi limitado conocimiento del inglés lo había pedido en ese idioma. Con un poco de rabia en la mirada, “la vieja pendeja”, me extendió el formulario, el cual llene al igual que el rojo canadiense.
Como supe, luego fui el primero en llenar el famoso formulario el cual me hizo entrar en una batalla político-diplomático entre los dos gobiernos. El hecho que supe mucho más tarde fue que la Provincia de Québec tiene jurisdicción en materia de inmigración. Un inmigrante seleccionado por la esa provincia no puede ser rechazado por Canadá y luego en la entrevista con los “cheles” Canadienses de la seguridad estos me habían agarrado con una serie de preguntas las cuales parecían interrogatorio de la “jura”. Es cierto que uno sale con “color” de Mariona pero esos “cheles” con plante de miembros de la CIA pensaban que me les iba a “aculerar” frente a ellos.
Bueno un solo talegazo de uno de ellos me hubiese arreglado los dientes de una sola vez. Pero con vente años solamente y la cabeza llena de consignas: ¡“Uno es bruto”!. Detrás de un escritorio dos “cheles” mirando mi expediente y repitiendo las mismas preguntas “pendejas”: ¿Cuántas bombas pusiste? ¿Sabes manejar una Uzi? ¿Conoces las Gallil? ¿Qué te parecen las M16? Y yo viéndolos a los ojos sin miedo con ganas de que cada una mis miradas los fulminara de un solo respondía: “no answer” Y la muchachita con cara de estudiante, representante de Québec, sentada a un lado de la puerta no podía ocultar que estaba gozando de la situación bastante cómica que mi entrevista originaba.
En un momento uno de ellos se “encabrono” y me dispara “somos representantes oficiales del Gobierno de Canadá” a lo cual respondí: “Podes representar a mi abuela si queres y lo mismo te diría”. En ese momento supe que mi entrada a Canadá se había esfumado por bocón. Y cambiaron de preguntas: ¿Qué conoces de Canadá? Bueno es fácil, respondí y no es por que me recordase de las enseñanzas en Geografía turística de nuestra querida Sra. De Girón, pero en casa siempre mantuve un libro que se llamaba “Viajemos por América” y eso combinado con los conocimientos publicados por el libro aquel que me compraba religiosamente cada año con los datos de cada país el famoso Almanaque Mundial y los manuales de Madre María Guillermina tenia suficiente material para responder.
En fin como quien le dan cuerda a un loco comienzo hablar sobre los productos de exportación, los ríos principales y término con el aspecto político aclarando que no había presidente si no un primer ministro y que el gobierno era una monarquía constitucional, por lo cual se conocía todavía a Canadá como el Dominio de…, Uno de los “cheles” me ve con curiosidad como preguntándose y ¿este indio como sabe tanto de Canadá? Y me pregunta sobre los políticos, y le respondí sin problemas. Y luego el otro agrega: ¿Por qué quieres ir a Québec? Sin parpadear le dejo ir: ¡Por el FLQ (Frente de Liberación de Québec)!. Se quedaron mirándome como si tuviesen frente a ellos al Anticristo. Y la joven simpática estaba muerta de risa. Me pidieron que explicara eso y empiezo como si estuviese leyendo un comunicado de las “F” apoyando a la organización hermana en la búsqueda de la liberación y comienzo hablar del referendo de 1980 que nos diera la esperanza de ver un cuarto país en América del Norte.
Luego me dicen que si quería ir a Montreal o la capital de la provincia Québec, a lo cual respondí, que era a la capital de la provincia que quería ir. Es ilógico, respondieron, no hay gente que habla español allí y allí no se puede hablar inglés me restregaron en la jeta. A lo que respondí que de irme tan lejos no lo haría para estar hablando mi propio idioma, pues quería aprender otro y el inglés lo puedes aprender en cualquier lado. Se despidieron de mí, y me aconsejaron de ver a los del equipo de Australia que estaba allí también en la oficina de al lado, señal evidente que veían en mi un dolor de cabeza más que un potencial inmigrante. La joven quebequence se despidió de mí y me prometió que pronto tendría noticias de ella. Y fue así, todavía recuerdo el documento que llego primero fue el famoso certificado de selección de la provincia de Québec. Dos días más tarde Canadá aceptaba. Québec había utilizado su derecho legal en materia de inmigración y me había seleccionado, Canadá tuvo que aceptar…
Salimos de la feria
Sale el bus de la feria. Esa mañana, en el autobús, la joven me acompañaría hasta Miami, su base de operaciones era la ciudad de México. Tengo que aclarar que Québec es la única provincia que tiene oficinas como embajadas en otros países y eso es como tener una estaca zampada en el dedo gordo del pie izquierdo del Gobierno de Canadá. En el autobús ella era la única que mantenía un poco de tranquilidad, los españoles, los ticos y demás se veían que se morían de miedo. El bus se prepara para salir del recinto de la Feria, los llantos se vuelven más fuertes tanto dentro del autobús como fuera.
Tengo que decir que nunca he sido bueno para los lloriqueos que considero pura marranada y me fastidia enormemente ver alguien que lloriquea cual dolorosa con el corazón atravesado por siete puñales. Me dije a mi mismo “dejémonos de tanta mierda y hacerle huevo” me parecía cursi y casi una telenovela de mal gusto ver tanto lloriqueo cuando afuera el pueblo agonizaba. Años más tarde lo mismo me sucedería en el cine con mi mujer al ver la famosa película del barco aquel, si hombre el Titanic, que se hunde y que el novio se ahoga, al ver todas las “señoras” llorando no pude aguantar y solté la carcajada y creo que no me sacaron a patadas del cine ese día es por que la idiosincrasia canadiense no lo permite.
Esa mañana al salir el autobús de la Feria inmediatamente fue “acompañado” por un camión militar con senda ametralladora apuntando hacia nosotros y otro camión atrás con el mismo macabro instrumento de muerte apuntando hacia nosotros y todo era “para nuestra seguridad”. Era la última maniobra de intimidación que los criminales uniformados nos hacían y el mensaje era claro: “¡Se van por que queremos pero podemos matarlos antes que se vayan si queremos!”. Nuestra respuesta fue inmediata y comenzamos a entonar nuestras consignas aprendidas en Mariona: “Obedeciendo consignas asignadas, Comando Central Presente!!!” “Pueblo Armado… Jamás es derrotado” y un sin fin de letanías.
Las suplicas de los diplomáticos se hacían más fuertes, nos pedían guardar silencio, en realidad “Se estaban cagando del miedo”. Entre cantos y consignas llegamos a Comalapa. Tomamos esa nueva calle que nunca había visto y que todavía no estaba en uso pero para nosotros y bajo seguridad militar podíamos aventurarnos sobre lo que hoy es la autorruta que lleva al Aeropuerto. ¡Qué soledad! Tan lejos de las pupusas de Olocuilta y del ajetreo que la ruta antigua obligaba. Era de un solo tirón que estaba aprendiendo una página más de la geografía moderna de El Salvador. Mi nueva amiga, la delegada del gobierno de Québec comienza a darme explicaciones y un montón de documentos. Cual viejos amigos comenzamos a platicar de todo un poco y me habla del proceso de Liberación de Québec y que el Gobierno actual de esa provincia era de tendencia separatista y se sentía feliz de saber que gente solidaria con ellos llegaba a reesforzar la lucha histórica que el pueblo francófono llevaba contra los ingleses.
Sin saberlo estaba abriendo la otra parte del libro de mi vida que me llevaría a recorrer el Canadá vociferando por la defensa de los derechos de la minoría de habla francesa. Fue un curso rápido de cómo se encontraba la situación política de donde llegaría.
El Aeropuerto
Esa autorruta tan solitaria y tan limpia parecía irreal, en un abrir y cerrar de ojos estábamos llegando al famoso aeropuerto que aun se denominaba “Comalapa”. Construido por una firma japonesa y que según las malas lenguas es una copia diminuta de Narita en Japón. El autobús se detiene y esperamos que nos den la señal de bajar, una baya de soldados fuertemente armados desde la entrada del aeropuerto hasta la entrada del avión nos aseguraba que no podríamos volver. Con el puño izquierdo levantado pasamos a través de esa baya de sabuesos que solo espera que soltar la lienza para saltar sobre nosotros. No hubo espera, no hubo revisión de maletas, directo al avión, los diplomáticos entraron con nosotros y nos acompañarían hasta Miami. Nos enviaron al final del avión de TACA el cual partió luego de algunos minutos de espera.
¡Qué miserable se veía nuestro majestuoso río Lempa! Sí parecía un riachuelo y los charquitos era nada menos que nuestros ríos majestuosos, soberbios volcanes, apacibles lagos…
Visitando a Celia Cruz
La tele en español de Miami anunciaba esa tarde: “Un grupo de terroristas salvadoreños salio de ese país con rumbo de Australia…” y con saña la lectora de noticias añadía a la información datos que nos pintaba cual energúmenos que era necesario eliminar de la faz de la tierra: “Bienvenidos a Miami, tierra de la gusanada…”
El miedo que no sentí ante tanta “animalada” que nos dio la despedida desde la salida de la feria esta mañana hasta el aeropuerto broto de pronto como la “palida” del chavo que decidido a declarársele a la chavita: esta listo excepto que en el momento de hacerlo la lengua se traba y no hay palabra que sale para expresar ese amor que le quema el alma y se pierde la oportunidad. Así fue ese momento al realizar sentado en el avión de TACA que de verdad ahora era cuestión de minutos antes de despegar. ¡Esta babosada se puede caer! No sentí miedo a los criminales que ojos de carniceros voraces o aves de rapiña nos acompañaron hasta la entrada del avión pero ahora cuando el piloto anunciaba que nos preparábamos a salir con rumbo a Miami con una pequeña escala en Belice.
Y no es por ser valiente o superhéroe pero después de haber sobrevivido ese año en cautiverio y haber escapado de las bartolinas media luna que bien describe Marta Valladares en su libro: “Nunca estuve sola”, no puedes sentir miedo pues te has curado de eso, ya viste la muerte, la saludaste y te dio otra oportunidad y ahora ves esos criminales con otra perspectiva. Ellos lo saben, lo siente, les hemos salido adelante, no podrán nunca más hacer nos temblar de temor y saben que frente a frente en situación de combate esa actitud de no temor hace toda la diferencia y eso los llena de cólera y nos detestan mas y nos quisieran acabar allí mismo como hicieron con mi amigo Francisco, con aquel otro cipote Antonio, que se creyó perdonado y volvió a su casa y solo quedo su sonrisa en la foto que hoy su madre muestra como recuerdo de una vida truncada por la cobardía de esos criminales.
Ahora sí no hay vuelta de hoja, el avión comienza a moverse y las tripas se retuercen y se hacen nudo. De repente la idea de “nunca más volver” me brota y comienzo a sentir esas ganas de saltar de esa babosada de avión que comienza a moverse para colocarse en la pista de despegue. ¡Ya me jodi! Adiós El Salvador. El corazón se acongoja y el avión despega, todo comienza a parecer más y más pequeño. ¡Qué desforestado se ve mi pobre país! Cerros completos quemados por el NAPALM , entramos en Guatemala y en pocos minutos la vegetación se vuelve más y más espesa y la voz del piloto anuncia la llegada al aeropuerto Internacional de Belice. ¡Qué burla ¡ es esa, allí no hay aeropuerto, pura selva, ríos color esmeralda y lagunas de un azul inimaginable se divisan desde la ventana de mi asiento.
¿Dónde putas esta ese aeropuerto de pacotilla? En ese momento el miedo a quedar estrellado en las selvas de Chiapas comienza a aparecer en mi torturado cerebro. De repente como por arte de magia la selva se abre, a un lado ríos y selva y baterías antiaéreas, vestigios del ejército británico que parecía una violenta burla a todos aquellos que siempre consideramos ese territorio como parte integrante de Guatemala.
La “Union Jack” como se le llama a la bandera británica flotaba alegremente en la selva, eso no parece aeropuerto mas una Terminal de trenes de la famosa “IRCA” con sus trenes que nos llevaba para Amapulapa. Como era de esperar la media hora se eternizo en esa selva de aeropuerto y luego de una larga espera salimos con destino a Miami. Al fin podíamos tener algo de comida, ya los cipotes desesperados chillaban pidiendo pacha en ese avión del destierro. Con más de una hora de retraso llegamos al aeropuerto Internacional de Miami. Ese primero de julio la humedad de ese sitio se sentía tremendamente y aun para nosotros acostumbrados al calor eso fue como una patada en plena cara.
Al salir del avión un delegado de Canadá nos da la “bienvenida” y mi nueva amiga se despide de mí pues regresa a México para luego volver a El Salvador, la nueva compa quebequence me desea éxitos y me cuenta en detalles como estuvo el relajo de mi salida, ya fuera de El Salvador, nos carcajeamos de los “cheles” y se sus regadas para dirigirse a los compatriotas. A boca de jarro le deje ir: “¿Cómo es que hablas bien el español?” Y ella sin ningún problema comienza hablarme de su amante mexicano que en el argo quebequence llaman “amigo”. Ella me informa que nos estarían esperando en Montreal y que durante el viaje con ya sea en Miami y NYC que nos hiciéramos muy discretos. Así fue que nos convertimos en “estudiantes becados” una idea que me vino y se las comunique a los demás compas, los cuales se sentían como “pollos comprados” ante toda la situación migratoria. En un momento me encontré con todos los pasaportes de toda la mara y fui nombrado allí mismo el “bocon” del grupo.
Como agradecía aquella experiencia que tuve en aquella línea aérea colombiana en donde me aburrí a muerte por varias semanas haciendo la practica de turismo. Ahora podía leer los códigos cabrones en los boletos de avión y cuando nos llevaron ante la Migra, respondí el credo aprendido: ¿Qué motivos los llevan a Canadá? Respuesta: Estudios. Luego nos informan que habíamos perdido nuestra conexión con NYC y que la línea aérea estaba haciendo los trámites para enviarnos en otro vuelo. Nos enviaron a fuera a la sala de espera y de repente me doy cuenta que solo una puerta de vidrio me separa de los Estados Unidos. Cual insolente, no dudo y camino afuera y llego al parqueo, estoy ya en territorio americano y aquí me puedo desaparecer si yo quisiera.
Veo a todos lados, nadie me esta vigilando, comienzo a preguntar sobre la ciudad y el sistema de trasporte. Sonrío y enciendo un cigarrillo, ¿Cuántos compatriotas sueñan por estar por estos lados? Y yo aquí y no siento el menor deseo de quedarme. Comenzamos mal me dije pero ya estamos en el macho hay que hacerle huevo a la situación. Lejos estaba el desayuno que TACA nos había dado en el trayecto.
El drama comienza aparecer, la mayoría viajaba sin ningún dólar en sus bolsillos. Un pinché hot dog era casi 5 dólares y no teníamos la posibilidad de recurrir a nadie allí. De repente nos avisan que no podremos salir hasta el día siguiente y que nos enviaran a un hotel cercano del aeropuerto: “Welcome to Holiday inn”. En esa tarde fuimos asignados en diferentes habitaciones compartidas y luego nos llevaría por parejas a un restaurante cercano para cenar. Pedí que las familias con niños fueran llevado primero y que pidieran en el restaurante que llenaran las pachas para pasar la noche. Me fueron a traer y me llevan a ese restaurante y los de la Migra me dicen que si quieren que ellos pidan por mi a lo que respondí por una negativa y tome el menú y aplique mis conocimientos en Hostelería y Turismo para pedir haciéndole honor a lo enseñado por el Señor Cantoni, la jarra de Miller no pudo faltar.
Después de un año en Mariona no iba a perder la oportunidad de comer como se debe y joder a los de la Migra que me vean con mi jarron de cerveza mientras ellos no pueden tomar por estar en servicio. Luego en las noticias de la noche ya las imágenes de nuestra salida del país habían llegado y mostraban a ese grupo de sediciosos salir de El Salvador. Todos dijimos: ¡Somos nosotros! Estábamos camino a la fama… Bienvenues au Canada! Al día siguiente comenzamos temprano, de regreso al Aeropuerto luego salida a NYC y algunas horas más tardes llegar a LaGuardia. La espera allí se hizo eterna pero seria un vuelo de una hora entre NYC y Montreal.
Habíamos desayunado antes de salir de Miami pero luego no habíamos tenido comida en NYC y en esa espera lo único para callar el hambre era el agua. Entramos al avión y esa salida fue eterna pues era el llamado “peak time” de NYC y ese avión de mierda no despego antes de las 9 noche. A eso de las 10 PM el avión aterrizaba en el aeropuerto internacional de Dorval, hoy llamado Pierre Ellioth Trudeau, quien en ese entonces era el primer ministro de Canadá. Era todo un drama esa llegada, pues los cipotes aullando de hambre, los adultos en un acto de solidaridad nos apoyándonos los unos a los otros como que los niños fueran también nuestros. Éramos una sola familia que llegaba. Los turistas eran enviados hacer fila a una sección y nosotros fuimos enviados a otra.
Al final de largo pasillo de ese inmenso aeropuerto había gente que nos esperaba, todavía recuerdo la sonrisa de aquella regordeta que de pie al lado de la bandera canadiense nos sonríe y en español nos dice: “El Gobierno de Canadá les da la Bienvenida”, nos abraza como si fuésemos sus familiares. Yo me pregunto: ¿Qué ha fumado esta “maishtra”?. Luego, tal como la “cara de estudiante me lo había dicho un hombre se acerca y nos saluda en español: “El gobierno de Québec les da la bienvenida!!!” Y agrega, “el Ministro de Inmigración se disculpa por no estar esta noche aquí y me envía esta carta, su nombre no me decía nada: Gerald Godin…” Pero al escuchar la carta del ministro que más que ministro es uno de las más grandes poetas del moviendo independentista de Québec, comprendimos todo: El poeta-ministro compartía con nosotros algo único: la experiencia de la cárcel, él había sido detenido ilegalmente en la crisis de octubre (1970) cuando Canadá impuso la ley marcial en Québec y estuvo casi un año en prisión, hoy era Ministro de inmigración y solidario con la lucha del pueblo salvadoreño. Sin poder entender lo que estaba sucediendo esto me parecía una locura, un ministro pedirnos disculpas y escribirnos una carta de puño y letra y enviarnos a su representante oficial; ¿A qué mundo de locos había llegado? Más tarde sabría más de Gérald Godin cuando fue sacado de su casa y encarcelado sin motivo, golpeado torturado por simplemente pensar y soñar en una patria que hablara francés en América del Norte. Fue en la época negra de la historia poco contada de Canadá cuando se instaura la ley de estado de guerra en Montreal y se encarcelo sin motivo a cientos de intelectuales de esa provincia.
48 horas de vorágine.
Estas 48 horas han pasado a una velocidad vertiginosa, hasta hace dos días perseguido en mi propio país, un casi nadie, un ex – prisionero político siendo recibido como personalidad extranjera. En menos de 5 minutos nuestras visas nos fueron extendidas y éramos “residentes permanentes” de nuestra nueva patria desde ese 2 de julio y el reloj marcaba las 12 y 10 de la noche. La cara de hambre y los llantos de los niños evitaron que los discursos se extendieran y nos sacaron del aeropuerto y cual fue mi sorpresa ues me esperaba un bus similar al que nos sacara de la Feria. No había bus ni nada: era una línea de limosinas con chóferes con traje de negro nos abría la puerta cual estrella de cine y nosotros nos veíamos embrutecidos, con dudas y con miedo.
Uno de ellos, de los chóferes, me llamo separadamente para decirme que al día siguiente el seria mi chofer y me traería de regreso al aeropuerto para que continuara yo solo mi trayecto hasta la capital nacional de la provincia. Aturdido, abrumado, me sentía y me siento todavía como sin comprender la razón de tanto esfuerzo para darnos la bienvenida. Una línea de limosinas negras que más parecía cortejo diplomático salía esa noche del aeropuerto con rumbo a un hotel. Cinco minutos más tarde llegábamos frente al Hilton Dorval Hotel.
Como “Pollos comprados” salíamos esperando que de un minuto a otro nos pidiesen que pagáramos por todo eso, el chofer me dice en inglés que no me preocupe y que todo esta cancelado por el Gobierno de Canadá. Entramos al recinto del hotel y me dirijo al “front desk” y me dicen sonriendo que nos estaban esperando. Yo les digo que los niños necesitaban comida, inmediatamente me dicen que nos dirijamos al restaurante que “ya esta cerrado, pero lo abrirán para nosotros”. Todo parece tan confuso y le pido a la chica que me repita lo que me esta diciendo y ella sonriendo sale de la recepción y nos señala el restaurante y nos dice que pidamos lo que queramos.
Yo traduzco y nadie cree y me piden que le diga que nadie tiene dinero, lo hago y ella sonríe y nos dice que no hay problema. En pocos minutos llega el Chef de origen cubano y con la sonrisa del Caribe comienza a tratarnos como que si estuviésemos en su casa. Nos hizo pollo frito, papas y los bichos se hartaron como locos. Luego salimos todos los compañeros y dejamos a las familias y nos fuimos alrededor de la piscina del hotel que poseía hasta una cascada. Comenzamos a analizar la situación y todos sabíamos que allí terminaba nuestra jornada, a partir de ese momento nuestras vidas tomaban otros rumbos.
Él mío seria el primero pues el chofer con la limousine vendría temprano a buscarme para llevarme al aeropuerto. Con lágrimas en los ojos y la rabia de volver a nuestro querido país un día, juramos continuar la lucha en este nuevo país. Fue nuestro último acto político. Con solo pocas horas de sueño exactamente como lo dijo el chofer a las 6 de la mañana estaba esperándome a la puerta del hotel.
Me llevo hasta Air Canada y allí seguiría yo solo hacia la Capital Nacional como se le llama hoy a Québec. La distancia que separa esas dos ciudades es de apenas 3 horas y casi nadie viaja en avión. Viaje en primera clase y a las 8 de la mañana de un día sábado 3 de julio estaba llegando a la ciudad en donde nacería de nuevo. En menos de 48 horas de parto llego a ese aeropuerto tan pequeño que el de Comalapa se lo lleva chiche. Empiezo a dudar de mi intuición, eso es un pueblo, no es una ciudad. 48 horas a penas y mi mundo ha girado totalmente, solitario esta tarde soleada de julio recuerdo a mi gente, mi contaminación, mi ruido, mis malos olores, mi terruño tan lejano…
“Air Canada anuncia la llegada en los próximos minutos al Aeropuerto Internacional de Québec, favor abrocharse los cinturones y poner en posición derecha vuestros asientos. Ha sido placer tenerlos con nosotros esta mañana y esperamos tener la oportunidad de viajar con Uds. muy pronto…” ¡Como se atreven a llamar a esto “aeropuerto internacional”! El majestuoso rió San Lorenzo nos ha acompañado desde nuestra salida de Montreal, hijole ese sí es Río, no nuestro pobre Lempa…, pero solo palos se ven por todos lados, una inmensidad verde a perdida de vista.
Ahora en esta ciudad de silencio y de iglesias. Nadie parecía estar esperándome. Por vez primera y al llegar a la recta final de mi viaje sentía aquel temor de lo desconocido.
Todos recogieron sus maletas y yo las mías siguiendo el “modus operandis” que hoy es un automatismo en mi forma de ser, recoger las maletas colocarlas en un carrito y buscar con la vista alguien que me diga “hola” o aunque sea “Pendejo aquí estoy”, nada en pocos minutos el aeropuerto se queda vació y yo en medio de aquella sala vacía en un sábado por la mañana: ¡Solo conmigo mismo! Me dirijo a las oficinas de Air Canada y explico mi situación en inglés made in INFRAMEN. Me dicen que no saben nada y que todos los teléfonos que llevo son de oficinas públicas que están cerradas por el fin de semana y que abrirán el lunes.La solución me dicen llamar a la policía para que ellos pasen un comunicado por la radio a ver si alguien escucha el mensaje y viene a buscarme.
Dicho y hecho, en pocos minutos la JURA esta allí revisando mis papeles y hablando por walkie talkie y comunicándose con la central. Ya para ese entonces me había convertido en la atracción o en el centro de interés de es aburrido lugar, en donde nunca pasa nada. El teléfono suena en la oficina de Air Canada, escucho sin entender ni jota pues se pasa en la lengua oficial del lugar: el francés. De repente se hablan entre ellos y se dirigen a mí. ¡Ya me jodi! me dije a mi mismo salí de Mariona para venir a pasar el primer fin de semana en chirona aquí en Canadá.
La empleada me sonríe y me dice que no preocupe que alguien llamo para preguntar si había llegado y que viene a buscarme. Todo parecía una obra del absurdo total, en 10 minutos se presenta una “maishtra” quien me saluda cordialmente y me pide que no le hable inglés pues no habla nada eso y que podemos hablar en español es peruana y viene a buscarme, ella es mi guía asignada por el gobierno de Canadá, su nombre Delia Téssier. Me voilà dans mon nouveau pays où une nouvelle langue m’attendait comme premier défi, alors ma nouvelle vie commença.
Tardaría 16 años en verte terruño querido, tardaría 16 años para ver las lagrimas que pude frenar al salir brotar humildemente cuando el avión comenzó a descender en ese día de noviembre de 1999 y llorar en silencio por el tiempo que te tuve lejos.
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